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Viernes, 28 de abril de 2006
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DEPORTES
TAU CERÁMICA
Toma de contacto
Tras sufrir algún que otro 'contratiempo' hotelero la afición comenzó la conquista de Praga
Toma de contacto
Los padres de Scola, con su nieto Tiago, pasean por Praga. / I. AIZPURU
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A poco de dar las dos de la tarde en el famoso reloj astronómico del Ayuntamiento de Praga, ni rastro de los colores azulgranas. En uno de los puntos de reunión turística del corazón medieval de la capital checa, los visitantes esperan a que la hora en punto y sus correspondientes campanas activen el mecanismo móvil de las figuras que encarnan los miedos que rigen desde hace siglos entre la población praguense: la vanidad, la avaricia, la muerte y la invasión pagana.

Más que vicios o miedos, los primeros seguidores del TAU que iniciaron con mayor antelación el tránsito al corazón de Europa ejercen la virtud del buen comer en los restaurantes aledaños. La hora es sagrada para reponer fuerzas mientras cruzan la plaza grupos más o menos numerosos de seguidores del Maccabi, los verdaderos invasores de Praga en este largo fin de semana. Entre la mayoría amarilla, el uniforme azulgrana que portan Beatriz Etolaza y Javier Urbano. Tras una visita panorámica en autobús por la ciudad, esta pareja descansa tranquilamente a la espera de su cuadrilla. La noche ha sido larga y no por haberse entregado a los brazos de la 'movida' praguense, sino por un periplo más bien azaroso en sus primeras horas en la capital checa tras aterrizar pasadas las ocho y cuarto de la tarde del miércoles. «Desde que cogimos la maleta en el aeropuerto y hasta que llegamos a la habitación casi pasaron cuatro horas», rememora Javier. Beatriz toma el hilo y explica semejante dilación. «No había sitio en el hotel que teníamos reservado inicialmente y nos cambiaron».

Tribulaciones

Son tribulaciones semejantes a las de más de un seguidor baskonista que tuvo que soportar alguna que otra reubicación intempestiva de hospedaje en sus primeras horas en Praga. A este respecto, los grados de malestar daban para todos los gustos, desde el cabreo más indisimulado hasta la resignación.

Luis Goikolea, Jesús Arana, Enrique Castaño, María Teresa Alday y Remedios Santa pasaron una buena 'nochecita', asimismo. «También nos cambiaron de hotel, pero además nos tocó en uno con una jauría de jóvenes en viaje de fin de estudios. Algunos que conozco no se han dormido hasta las tres», asegura Enrique. Todos forman un quinteto baskonista veterano que no se corta un pelo a la hora de ganar adeptos para la causa vitoriana. En la explanada surge la figura de Zoran Savic, una figura destacada para rematar la foto de rigor en un marco incomparable. Para la instantánea es obligado lucir la bufanda baskonista y el responsable de la sección de la baloncesto del Barça accede gustosamente. ¿Cambio de bando?

Olvidados los desvelos del viaje y del alojamiento -algún suceso de este tipo debía suceder en la ciudad que vio nacer a Frank Kafka- en el corazón de la vieja Praga ya comienzan a formarse grupos numerosos de seguidores vitorianos. Éstos no confraternizan con los aficionados macabeos, aparentemente fuertes y altaneros ante el potencial que encarnan sus colores. «Están por todas partes», admite Luis.

Desaprensivo

Entre el contingente, la delegación albiceleste se completaba con la familia Scola en pleno, paseando con orgullo al joven Tiago, el hijo del capitán azulgrana. Tan a gusto en su cochecito bajo los mandos de Mario Scola, cabeza de familia, el pequeño apenas se inmutó cuando un conductor desaprensivo frenó a pocos centímetros de él después de arrancar de forma prematura en un semáforo en rojo. Pudo ser un disgusto, pero la sangre no llegó al río. Eso sí, las lindezas del abuelo para con el conductor nativo son irreproducibles.



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