Es tiempo de respuestas. De agregar otra página al libro de oro. De soñar, por ahora despierto. Praga'06 eleva el telón. Cuatro candidatos, un único monarca. Una fórmula tan despiadada como sencilla. Y justa. Con Vitoria otra vez en el mapa. Confundida entre tres de las ciudades más relevantes del Viejo Continente. Orgullo absoluto de la mano de su mejor embajador, el Baskonia, la personificación de la ambición sin límites.
Y este TAU Cerámica -pese a partir desde un segundo plano- aspira a todo. Por amor propio. Pero, ante todo, por pura convicción y temperamento. Ha aprendido a superarse. A esconder defectos y multiplicar virtudes. En especial, durante los momentos de la verdad como la Copa de Madrid o el impresionante cruce con el Panathinaikos. Así ha alcanzado lo que un puñado de elegidos: colarse en su segunda 'Final Four' consecutiva.
Aunque hasta esta gesta se queda pequeña al compararse con el recorrido de sus adversarios. El Maccabi, el contrincante en esta semifinal de máxima exigencia, acumula seis apariciones en los últimos siete años. El CSKA, que va por el otro lado del cuadro, no se la ha perdido desde 2002.
Pesimismo cero
A pesar de todo, los conjurados de Perasovic no regalan ni una mueca de pesimismo. Han interiorizado una idea fija. Anhelan incluir este fin de semana en su álbum de fotos particular. La memoria histórica ya incluye imágenes imborrables de Bolonia, Sevilla, Granada o Moscú. ¿Por qué no otra nueva instantánea gloriosa en el escenario más complejo?
Para hacer realidad tamaña aspiración, el conjunto alavés deberá hilvanar un baloncesto imperial y, muy probablemente, acompañarlo de un carácter pétreo. Incluso, dada la categoría del oponente, no vendría mal que hasta San Prudencio, hoy se le conmemora, echara una mano. La altura de la primera barrera exige de cualquier ayuda. Humana o divina. No en vano, el versado Maccabi Tel Aviv es el equipo del momento a pesar de la orfandad de Jasikevicius, centro neuronal en sus dos últimos reinados.
Jugará más feo que antaño y, sin embargo, ha hecho de la efectividad su principal seña de identidad. Siempre ha ganado cuando ha sido necesario y destila calidad por todos los poros de su tersa epidermis. Cuenta con un plantel concebido para apilar trofeos en la sala de vitrinas. Y, quizá lo más relevante, es experimentado a más no poder. Un botón. El currículo de Sharp, su pegajoso segundo base, muestra seis incursiones en la máxima cita continental. Ha levantado el trofeo en tres.
Mente fija en Praga
Se trata de un plantel que vive con la mente fija en este fin de semana debido a la baja calidad de su torneo doméstico. Al cuadro azulgrana, en cambio, se le amontonan los frentes cada semana; ACB, Copa, la propia Euroliga... El TAU examinará por tanto su consistencia en este enfrentamiento. Y el club hebreo buscará una marca de escándalo. En caso de imponerse hoy y el domingo, igualaría el récord de la Jugoplastika -campeona de 1990 al 92- y del ASK Riga, monarca del 58 al 60.
El Baskonia, de esta forma, tendrá que sobreponerse a los sólidos poderes amarillos y a un pabellón que será el remedo de La Mano de Elías. Se aguarda un mínimo de 9.000 seguidores macabeos. Esta segunda variante tampoco debería importar demasiado si se echa la vista atrás. Ahí queda el precedente del OAKA ateniense. Lo cierto es que si el inquilino del Buesa Arena exhibe la cara de sus mejores noches, la opción de billete a la gran final estará en el aire hasta los albores del campanazo final.
El monumental Sazka Arena aguarda campeón. Y el TAU, ya incluido por méritos propios en la aristocracia europea, sueña con ceñirse la corona de emperador. Hoy aguarda el primer paso.
d.gonzalez@diario-elcorreo.com