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Viernes, 28 de abril de 2006
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SOCIEDAD
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Rumbo hacia el pasado
Siete aventureros recorrerán en una txalupa las rutas que utilizaban los marineros vascos en el siglo XVI para cazar ballenas en Canadá
Rumbo hacia el pasado
'BEOTHUK'. Presentación de la txalupa en Pasaia. / MITXELENA
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Cuentan los documentos generados por la memoria y la aventura que los primeros vascos arribaron a lo que hoy es el pueblo canadiense de Red Bay en 1518. Se dedicaban a la caza de ballenas y a la pesca de bacalao en la salvaje Terranova; el oficio de marinero en aquella 'tierra de Caín' era complicado y peligroso, pero la recompensa invitaba al riesgo. Con unos cuantos viajes, azarosos en aquellos tiempos de descubrimientos y leyendas, amortizaban la inversión y se hacían ricos: la grasa de ballena se pagaba a precio de oro en Europa. Cuando la nao pasaitarra 'San Juan' se fue a pique con los 60 hombres que componían la tripulación, a mediados del siglo XVI, nadie podía imaginar que cinco siglos después aquel pecio regresaría del pasado para inspirar una aventura llamada a rescatar una parte importante de la historia de los navegantes vascos.

La 'San Juan', hundida por un temporal justo cuando estaba preparando su regreso a Pasajes, tenía amarrados a sus costados seis txalupas que los marineros usaban para cazar y transportar las ballenas. Una de ellas, la 'Butus' -antiguo nombre de Red Bay-, fue reproducida y aparejada el año pasado por el astillero de embarcaciones tradicionales Ontziola con materiales y técnicas propias del siglo XVI. La segunda, bautizada como 'Beothuk' -construida por la misma empresa y nombrada en honor a una tribu india masacrada y extinguida por el hombre blanco-, está a punto de protagonizar una travesía en honor a los «más de 9.000 balleneros vascos» que desafiaron a los mares para buscarse la vida en aquellos territorios ignotos.

LA IDEA

«Lo que pretendemos hacer es arrojar un poco de luz sobre uno de los episodios más importantes de la historia marítima vasca». Xabier Agote, responsable de Ontziola, se convertirá en el patrón de la 'Beothuk' a partir del próximo 1 de junio. Cuatro remeros guipuzcoanos -Jon Maia, Ane Miren Miralles, Markos Sistiaga e Iker Leizaola- y dos indios de la tribu Mi'qmak completarán la tripulación de una embarcación que pretende revisitar más de una docena de asentamientos balleneros que sirvieron de hogar y refugio a miles de vascos en el siglo XVI. «Es una forma de homenajear a todas aquellas personas. Navegaban sin cartas náuticas y se pasaban muchos meses cazando ballenas en Canadá», remarca Agote. Era un negocio boyante. Los expertos calculan que el cargamento que transportaba la nao 'San Juan', antes de desaparecer para siempre, era equivalente a unos 7 millones de dólares, una suma que sigue siendo una fortuna cinco siglos después.

La odisea que pretenden llevar a cabo estos siete aventureros tiene un fuerte componente reivindicativo. La travesía, explica Agote, se iniciará en el Museo Marítimo de Quebec -que prestará apoyo logístico y mediático a la expedición- y se prolongará durante «unas seis semanas de navegación hasta Red Bay si todo va bien». Será como hacer un viaje en el tiempo. La mímesis con las costumbres de antaño será total: los aventureros vivirán, comerán, vestirán y dormirán de la misma forma en que lo hacían sus ancestros vascos y los nativos americanos. Delante de ellos, un reto: 1.000 millas náuticas -casi 2.000 kilómetros- y una ruta llena de peligros que les retrotraerá a los tdías legendarios de los grandes descubrimientos.

Cada jornada para la tripulación de la 'Beothuk' arrancará al alba, «con los primeros rayos del sol», y terminará después de unas doce horas de navegación. Se trata de una embarcación mixta, de seis remos y dos velas, de ocho metros de eslora y dos de manga. El viento, o su ausencia, decidirá la forma de propulsión. La txalupa, hecha íntegramente de roble, no tiene cubierta ni cabina; una reproducción perfecta de un diseño hecho por hombres que navegaban sin cartas náuticas pero con un rumbo claro. Los marinos, por su parte, han confeccionado sus ropajes a partir de los datos facilitados por los arqueólogos canadienses. La conversión debe ser total.

ROPA Y ALIMENTOS

Las prendas de los tripulantes, según adelanta su patrón, serán de lino. Los pantalones, «unos bombachos que se atan por debajo de las rodillas», irán acompañados de unos zapatos de cuero, «muy normalitos», y unas camisas libres de tejido sintético; los dos indios Mi'qmak vestirán los trajes tradicionales de su tribu. La 'Beothuk', que estará equipada con los aparejos de pesca tradicionales, también transportará alimentos suficientes como para afrontar un viaje de 45 días. Eso sí, tendrán que tener cuidado con los osos y las moscas negras, que «muerden a sus víctimas y producen infecciones».

Según Agote, las provisiones que cargará la txalupa serán idénticas a las que llevaban los balleneros vascos en sus espartanas jornadas de trabajo. «Tendremos una dieta precolombina», cuenta. Habrá guisantes, habas secas y una especie de galletas, es decir, un pan dos veces horneado y «muy duro»; también comerán bacalao seco, sardinas viejas, zanahorias, higos y nueces. «Una vez allí, recogeremos mucha fruta, ya que, según nos han dicho, abunda por las zonas que recorreremos».

LOS INDIOS HABLAN EUSKERA

Durante el trayecto, el objetivo de los expedicionarios consistirá en revisitar los asentamientos balleneros que los vascos fueron levantando y colonizando hace ya casi cinco siglos y entrar en contacto con los pueblos indígenas de la zona que, en aquellos tiempos, convivían con los hombres llegados del Este. Lo más curioso de todo es que varios estudios realizados hasta la fecha señalan que muchos nativos «hablaban perfectamente euskera» y que, todavía hoy en día, se pueden hallar lugares con toponimia vasca.

Lope de Isasti, un historiador de Lezo del siglo XVII, relataba con precisión en algunos de sus libros la relación entre los marineros vascos y los indios canadienses. Según estos escritos, manejaban el euskera con soltura y, cuando se les preguntaba «Zer moduz» (Qué tal), contestaban sin vacilar: «Apaizac obeto» (Los curas, mejor), dicho que ha sido utilizado para dar nombre a la expedición liderada por Xabier Agote.

LA META

Los aventureros tienen previsto remar de día -si el viento no les acompaña- y dormir de noche. «El campamento lo montaremos en la orilla, pero no tendremos una tienda de campaña, sino que utilizaremos las velas para taparnos», describe el patrón de la 'Beothuk'. Una hora de remo, quince minutos de descanso. «Es un ritmo que nos permitirá comer y relajarnos un rato». Si todo sale según lo calculado, los siete tripulantes arribarán a Red Bay el próximo 15 de julio. Planean montar una fiesta. No será para menos. Habrán navegado por ríos, mares y lagos; habrán conocido a los Mi'qmak, los Innu y los montañeses; y habrán completado una aventura que recuperará la memoria de unos marinos osados que cazaban ballenas a más de 4.000 kilómetros de su hogar.



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