La única
 Montserrat Lluis
Empezamos a hablar para llamarla a ella, y a ella nos encomendamos en cada curva del camino: ¡ay, madre! ¡madre del amor hermoso! ¡madre mía!
La mujer que nos trae al mundo nos da la vida. Y parte de la suya. De por vida. Y encantada de la vida. Por eso, y no porque se lea en los escaparates de las perfumerías ni en los folletos de los grandes almacenes, debes darle las gracias a esa que sabe si estas triste sólo por la forma en que cierras la puerta al llegar a casa o que, es curioso, recuerda perfectamente que la carne te gusta poco hecha y con la sal gorda por encima; pero olvida en segundos que el día de su cumpleaños no pasaste a felicitarla. Te animo a que le escribas una carta a tu madre a través de enlaCe, como más de setenta hijos se las mandasteis a vuestros padres el 19 de marzo. Saca a la luz las maravillas de quien te dio a luz. Dile en voz alta aquello que anhela escuchar al oído. Y si la suerte te ayuda, regálale tu cariño envuelto en un fin de semana en un balneario, en un tratamiento para lucir aún más guapa o en dulce aroma de cacao
Se lo merece. Porque madre no hay más que una: la mía es única.
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