El Correo Digital
Sábado, 29 de abril de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
El nombre de las cosas
A medida que ETA va poniendo las cosas en su sitio y los dirigentes de la ilegal Batasuna van lanzando mensajes con una vuelta de tuerca más, dirigidos a sus bases, que es lo que importa, conviene que nuestros políticos no se hagan un lío con el nombre de las cosas. Y con los conceptos. O con las intenciones. Resulta tan poco preciso el objetivo explicado por Zapatero en este proceso que unos llaman de paz y otros del fin del terrorismo, que el presidente y sus emisarios (Blanco sigue con su 'papelón' haciendo malabarismos con la inexistencia de lo ilegal) tienen que salir a la palestra para manifestar una declaración de principios sobre lo obvio con un perfil tan plano que empieza a rechinar en los oídos de la concurrencia.

La semana pasada saltó el precio de Navarra (aunque no esté en venta) de la mano del presidente Sanz, que amén de denunciar la realidad de algunos empresarios navarros, víctimas del chantaje terrorista, decía que la integración de la comunidad foral en Euskadi estaba sobre la mesa virtual de las negociaciones clandestinas entre el gobierno y el entorno de ETA. Desde la Moncloa negaron tres veces, y arremetieron contra él por agitar el fantasma de la OPA vasca sobre Navarra sin que tuviera razones para esa denuncia. Pero, de nuevo, ETA, volvía a despejar las incógnitas. Y si el atentado de Barañain no clarificaba la lista de exigencias de los terroristas, ya se encargaron de advertir, desde Batasuna, que, sin un acuerdo sobre Navarra, el proceso no puede terminar en buen puerto. Otro jarro de agua fría sobre quienes tienen los titulares preparados del final de esta historia.

Zapatero se amarra al respeto a la legalidad. Estupendo. Pero debería saber que se tiene que ver las caras con quienes han utilizado la legalidad tan sólo en beneficio propio; y eso no tiene nada que ver con el respeto a las normas democráticas. En medio de este zarzal, Ibarretxe ha aterrizado en el escenario con escaso éxito. Para él no ha pasado el tiempo. Se mantiene en sus trece. Con su plan, que ahora es el de Mirari, sigue hablando de paz como si estuviéramos en las guerras carlistas. Sus palabras no calan.

La cara más presentable del nacionalismo, Josu Jon Imaz, se ha paseado por Madrid para explicar que, para él, las personas están por encima de los territorios. Ovación y vuelta al ruedo. Una consideración muy bien acogida entre los autonomistas pero que contradice la esencia de lo que fue el plan de nacionalismo obligatorio del lehendakari. Cerca de él, en un corrillo reducido, un destacado empresario vasco comentaba. «A mí el optimismo todavía no se me ha quitado». Esa alusión a la posibilidad de que la esperanza tenga una fecha de caducidad debería hacer pensar a Zapatero porque todavía ETA no ha dicho la última palabra. Cuidado.

t.etxarri@diario-elcorreo.com



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