El Correo Digital
Sábado, 29 de abril de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Un nuevo Gobierno en Israel
El pasado jueves, el líder de Kadima, Ehud Olmert, y el del Partido Laborista, Amir Peretz, sellaban el documento que les vincula en coalición de gobierno. Serán estas dos formaciones las que lideren el nuevo Ejecutivo que se completará en pocos días con otros partidos políticos. Es de prever que sean un total de cinco las formaciones que integren este Gabinete, que reuniría así 73 escaños de los 120 de que consta la Knesset o Parlamento israelí. Además de las ya mencionadas, las fuerzas políticas del Gobierno más amplio de la historia de Israel, nada más y nada menos que 27 ministerios, muchos sin cartera, serán las siguientes: dos formaciones de carácter religioso, el Shaas, partido de los religiosos sefardíes, y la Unión Judía de la Torah, formación vinculada a los ortodoxos de origen askenazi, y un partido laico, el de los Pensionistas, formación sorpresa de las últimas elecciones. En la oposición se quedarán el derechista Likud, con un liderazgo, el de Netanyahu, cada vez más discutido; Yisrael Beitenu, una formación con un fuerte componente nacionalista y en la que predominan los judíos venidos de la antigua Unión Soviética; los ultraderechistas del Mafdal, la izquierda del Meretz y los representantes de los partidos árabes. Todos ellos completan 47 escaños.

La génesis de esta coalición de gobierno ha pasado por momentos de gran dificultad, sobre todo por la negativa de los laboristas de Peretz a que estuviera en el Ejecutivo el partido de Avigor Liberman, Yisrael Beitenu, que finalmente se ha quedado fuera. La entrada del Partido Laborista ha sido posible también porque disfrutará de una amplia disposición presupuestaria para políticas sociales. Además, el líder de esta formación, Amir Peretz, se hará cargo de una cartera tan delicada como es la de Defensa. Esta cuestión, que es de vital importancia no sólo por el conflicto palestino sino por el creciente clima de tensión que se vive en la zona ante la actitud del presidente iraní Ahmadineyah, ha supuesto la primera protesta en el seno de la joven formación Kadima. El militar Saul Mofaz, titular en funciones de este Ministerio, consideró poco conveniente poner la cartera en manos de una persona inexperta en dichas cuestiones como es el antiguo sindicalista Amir Peretz. Pero además de la tensión provocada en el seno de la formación del primer ministro Ehud Olmert por esta designación, se han producido ya otras deserciones debidas a promesas de ministerios hechas por Sharon que ahora, con esta coalición, no se han cumplido.

Los objetivos de este Gobierno son varios. De una parte, los que tienen que ver con el conflicto palestino, en medio de un claro enfrentamiento entre el Ejecutivo liderado por Hamás y la Autoridad Nacional Palestina presidida por Abú Mazen de Fatah. En este sentido, Ehud Olmert ya ha dicho que no descarta una retirada unilateral, como la que se produjo el pasado agosto de Gaza, pero ahora de parte de Cisjordania. Esta decisión provocará protestas de los sectores más ultranacionalistas de la sociedad israelí, cuyos representantes están en la oposición, y además no será tan fácil como la anterior, ya que en este caso no tendría ni el apoyo de la comunidad internacional ni el de la Autoridad Nacional Palestina, al ser una salida unilateral y no negociada. Pero, sin duda, es la deriva iraní la cuestión que más preocupará al nuevo Gabinete israelí. Los escenarios no son muy halagüeños, ya que si bien una intervención militar estadounidense no parece muy probable, aunque no es imposible, la carrera nuclear iraní está provocando mayor inestabilidad en una región, la de Oriente Medio, que ya está sacudida por el avispero iraquí.

El segundo objetivo del Gabinete Olmert tiene un claro perfil social, y es donde la formación laborista intentará establecer un perfil propio. La meta de este último partido es convertirse en la formación más votada en las próximas elecciones, en la esperanza de que Kadima sufra un desgaste interno por falta de estructura y por las dificultades de un liderazgo, el de Olmert, que no está asentado internamente. El objetivo final de este Gobierno tiene que ver con las cuestiones constitucionales, concretamente con la creación de una Corte Constitucional. Este país, que no tiene un texto constitucional cerrado, tampoco dispone de un Tribunal Constitucional, y es la Corte Suprema, un órgano no exclusivo de estas cuestiones, la que ha hecho hasta ahora las veces del mismo. Afrontar esta creación supondrá además abrir el debate constitucional, cuestión que ya enfrentó en los primeros años del nacimiento del Estado de Israel a las formaciones políticas de la época y que se saldó con una decisión provisional que perdura hasta la actualidad y que, es cierto, ha funcionado bien.

De esta manera el nuevo Gabinete de Ehud Olmert afronta su mandato con un objetivo claro: completar la totalidad de la legislatura, una novedad en los tiempos actuales. Está por ver si la coalición de gobierno soporta los embates de la política israelí. La solidez de Kadima será la que marque la pervivencia o no del Ejecutivo.



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