«Yo jugaba al teatro ya siendo niña». Con tan sólo cinco años Alicia Hermida recitaba por su casa un libro de poesías, así que su madre la llevó junto a su hermana a una escuela de arte dramático, donde la aceptaron como oyente con ocho años. Desde entonces tuvo claro que su vida estaba en los escenarios, pero para ello ha tenido que luchar mucho porque «es una profesión de resistencia».
Cine, televisión y teatro; «los actores normalmente no podemos elegir, trabajas en lo que encuentras», dice resignada la veterana actriz, que confiesa, sin embargo, haber tenido que decir 'no' a muchas ofertas porque a veces le han ofrecido «cosas horribles». No es el caso de su papel como Marica del Reino en 'Divinas palabras', una obra donde Valle Inclán muestra cómo «la miseria degrada al ser humano». El montaje del Centro Dramático Ncional, dirigido por Gerardo Vera y en versión de Juan Mayorga, ha traído de nuevo (hasta el 1 de mayo) a la actriz al Arriaga de Bilbao, un lugar especial para ella porque aquí mismo cumplió quince años en su primera gira con el director José Tamayo.
Nacida en Madrid en 1932, dice ser «optimista». Algo muy necesario en una carrera donde «la continuidad es lo más difícil porque hay poco trabajo». «Es una profesión que cansa A nosotros nos eligen.Estamos expuestos a caer en el olvido. Hay mucha gente a la que no se recuerda y es muy valiosa». El secreto para no deprimirse está en pensar que «se pueden hacer otras cosas y no obsesionarse».
Magisterio en la tele
La actriz, muy vinculada a su grupo La Barraca Teatro Popular, que la lleva continuamente a Cuba y Nicaragua para impartir talleres de arte dramático, nos muestra su lado más tierno en la televisiva 'Cuéntame', donde hace de Vicenta, aunque su principal función en la famosa serie es «matizar el texto con los actores. Toda una novedad en este medio». La serie le ha dado popularidad, algo no buscado por ella. «No me he dedicado a esto para ser famosa y ganar dinero porque para eso hubiera sido economista».
No ha matado a la niña que lleva dentro y que comenzó con ilusión porque «un actor tiene que llevar dentro esa inocencia, al igual que un poeta, un loco...A todos los seres que le empujan a vivir y a no acomodarse». Cuando el médico le pregunta por su retirada de los escenarios, sonríe y dice: «¿Pero es que me encuentro mal?