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Sábado, 29 de abril de 2006
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DEPORTES
TAU CERÁMICA
La tarde de los sueños rotos
Bastaron apenas doce minutos de juego para que la afición baskonista perdiera la esperanza
La tarde de los sueños rotos
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A tope: La instalación de una pantalla gigante en la plaza de España congregó a centenares de aficionados, dispuestos a animar a su equipo. El punto de encuentro se convirtió, pues, en una gran marea de color blaugrana. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO: JOSÉ MONTES

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Mikel Gil se había calzado de buena mañana su gorra de la suerte. Ésa con la que asistió en Madrid a la victoria del TAU en la Copa del Rey, la misma que acompañó al Alavés en su ascenso a Primera División. Alfonso Navarro prefirió desempolvar con antelación su traje de blusa para, con permiso de La Blanca, rendir tributo al Baskonia. Los dos se las prometían muy felices cuando minutos antes de las cinco y media de la tarde tomaban posiciones en la plaza de España para vivir en directo el sueño europeo.

Mikel, camuflado entre centenares de aficionados que vibraban al grito de 'Baskonia, Baskonia'. Alfonso, de pie, en primera línea de batalla y alzándose como animador incombustible del cotarro. Que para eso es blusa y de animar entiende un rato. La ola para un lado, la ola para el otro, los brazos arriba, los aplaudidores sonando. El 'nekazari' calentaba motores, al tiempo que la máquina azulgrana engrasaba sus piezas sobre el parqué del Sazka Arena. La afición en pleno confiaba a ciegas en reeditar la gesta del pasado 6 de mayo, cuando el TAU se aseguró el pase a la final de Moscú. Pero ayer el Maccabi, «mucho Maccabi», echó por tierra la ilusión de escribir otra página gloriosa en la trayectoria baskonista. Y de forma cruel, además.

Encomendados al Santo

En apenas doce minutos de partido, la superioridad de los de Tel Aviv quedó más que demostrada y en las caras de los aficionados blaugranas comenzaron a vislumbrarse los primeros signos de desconfianza. Hasta los agnósticos se encomendaban a San Prudencio, a la espera de que el santo les echara un cable. Pero ni por ésas. Una renta de 14 puntos para los de Gershon a cinco minutos para el descanso y la lesión de Splitter hundieron sin remedio a la afición. Ya no quedaban ánimos. «Pero, ¿qué esta pasando? Así no se puede... Nos van a machacar», vaticinaba Xabi Sanz. Lo peor, que no le faltaba razón.

El Maccabi urdía sin piedad la debacle baskonista mientras la afición, resignada ya a la derrota, clamaba por un marcador más ajustado. «Si no podemos ganar, que al menos no nos humillen», le comentaba Aitor a su amigo Manu. «A mí ya me da igual. ¿Y si nos cambiamos de bar y nos dedicamos a beber?», le sugirió éste. Dicho y hecho. La fórmula 'beber para olvidar' fue ayer para muchos la única capaz de recomponer una tarde de sueños rotos.



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