Juanito Oiarzabal ya está en Katmandú (Nepal). Le rodea el confort de un hotel de lujo. Está a solas con sus pensamientos. El alpinista vitoriano ha tenido por delante muchas horas para dudar o reafirmarse en su decisión de retirarse de los 'ochomiles'.
-¿Se mantiene en lo dicho?
-No fue un calentón, como pensó alguno. Me retiro de los 'ochomiles' de forma definitiva. Punto final a un deporte que ha sido mi razón de vivir desde que en 1985 inauguré la carrera con el Cho Oyu.
-¿Qué se siente cuando se dice adiós a una manera de vivir?
-Esta mañana (ayer) me he levantado de la cama con nostalgia. Por un momento he pensado en el campo base, en mis compañeros de tienda. Pero se me ha pasado pronto. Me he dado cuenta que la decisión tomada era la adecuada.
-¿Por algo concreto?
-Por todo. La tienda, la comida mala y a destiempo, el frío y las penalidades. En el campo base del Kang me di cuenta que no estaba disfrutando y me pregunté: ¿Qué hace aquí un veterano con 50 años y los pies destrozados? La respuesta era obvia.
-¿Llega tarde?
-Llega cuando debía. Messner, Loretan, Carlosio la tomaron en cuanto completaron la serie de los catorce 'ochomiles'. Yo la he estirado hasta los 21 y quizá hubiera podido continuar si no sucede lo del K-2. Estuve a punto de perder el pellejo y los pies. Aquella cumbre es el punto de inflexión de mi carrera.
Todo eran molestias
-Por tanto, ya venía madurando su decisión de antes.
-Cuando lo pasas mal haciendo algo que de joven, con 25 años menos, hubiera sido un motivo de diversión, algo no va bien. En la tienda he disfrutado de la nieve, de la conversación con los amigos y de poco más. El resto eran molestias. Y encima estaba el problema de los pies.
-¿Tanto le han molestado?
-Las amputaciones que sufrí en el K2 me han pasado factura. El izquierdo lo tengo en muy mal estado. Me duele, de manera especial por la noche. Tengo una llaga de un centímetro y medio que no se acaba de cerrar. Ese es mi gran problema.
-¿También le molestaron durante la marcha de aproximación?
-El calzado y el terreno son diferentes. He empezado a notar los dolores con intensidad cuando he tenido que apretarme las botas. Sobre el hielo hay que moverse de manera diferente y yo ya no estoy para rendir como antes.
-¿La edad influye?
-Físicamente no debería hacerlo. Basta con entrenarse un poco más para lograr la forma. Mentalmente es diferente. No enfocas la vida de la misma manera que con 25 años. Piensas que has estado en 35 expediciones en el Himalaya y has subido 21 cimas. Llega un momento en el que te falta la ilusión. Eso es la edad.
-¿Ha llegado bien preparado a la expedición al Kangchenjunga?
-No llegué todo lo bien que hubiera querido. No por falta de entrenamiento, sino por problemas de movilidad. En la marcha de aproximación me he encontrado fuerte. Las dificultades han surgido cuando he topado con el hielo.
-¿Temía por sus pies?
-No. Lo que ha pasado es que no podía seguir el ritmo de mis compañeros. Me daba mucha rabia no poder abrir huella en la nieve y encima quedarme retrasado. Era frustrante.
Autosuficiente
-¿Pensaba en llegar a la cima del Yalung y del Kangchenjunga?
-Para eso vine a Nepal. El problema es que me di cuenta que el día de cumbre me hubiera tenido que quedar en la tienda. Algo inconcebible para el Oiarzabal de hace unos años.
-¿De verdad que ha pensado en no poder atacar la cumbre?
-Me he planteado todas la hipótesis. La más negativa era la de volver a encontrarme en las mismas circunstancias que en el K-2. Un alpinista que rebasa la barrera de los 8.000 metros debe ser autosuficiente. Para eso debes ser joven o estar bien preparado.
-En otras palabras, no quiere que se preocupen por usted.
-Tienes que saber salir de los problemas en los que te hasta metido. Es difícil plantearlo, pero mucho más peliagudo dar con la respuesta correcta. Creo que la he encontrado. Aún me quedan otras montañas, otros horizontes, donde disfrutar de mi deporte.