Con cuatro horas de retraso y un primer ministro de 84 años ausente por su delicado estado de salud, Nepal escenificó ayer el arduo regreso de la democracia al país con la primera sesión del Parlamento desde hacía cuatro años. En mayo de 2002, el rey Gyanendra disolvió la Cámara en su intento por imponer una monarquía absolutista que, al final, ha resultado tan fallido que ahora va a acabar perdiendo todo su poder.
Tal y como habían acordado los siete partidos políticos de la oposición, el Parlamento anunció ayer que convocará elecciones para designar una Asamblea Constituyente que redactará una nueva Constitución. Dicha Carta Magna reducirá la figura del soberano a una presencia meramente ceremonial o incluso convocará un referéndum para escoger entre monarquía o república. Todo ellos gracias a las masivas protestas de los últimos días, que han costado 17 vidas.
«Expresamos nuestra gratitud a los que han muerto por la democracia», manifestó el portavoz de la Cámara, cuyos 205 miembros guardaron dos minutos de silencio por los fallecidos. Aparte de este recordatorio, el tono festivo predominó toda la jornada. Los diputados, tocados con el 'topi' (gorro típico del país) y ataviados con la chaqueta, la 'labeda' (camisa larga) y el 'suruwal' (pantalones amplios) del traje nacional, no ocultaban su alegría y se saludaban al modo nepalí, inclinándose y juntando las palmas de sus manos como si fueran a rezar.
Corrupción
En las puertas del Parlamento, un antiguo teatro de estilo colonial que aún conserva en sus paredes grandes cuadros de cacerías de tigres con elefantes cabalgados por occidentales, miles de personas echaban en cara a los políticos los casos de corrupción del pasado, como los que pesan sobre el nuevo jefe del Gobierno, el octogenario y más que delicado Girija Prasad Koirala. «El primer ministro debe prestar juramento ante el pueblo, no ante el rey asesino», rezaba una pancarta a las puertas de Singha Durbar (Palacio del Tigre), el enorme y decadente complejo donde se ubican la Cámara de Representantes y una veintena de ministerios.
Tras el alto el fuego de la guerrilla, una asociación estudiantil celebraba a pocos metros de allí el primer acto oficial maoísta permitido en Katmandú desde hace años, lo que indica que se ha abierto una nueva etapa llena de esperanza para Nepal, pero también de dificultades.