El historiador Ludger Mees, que participó ayer en las jornadas de Aldaketa -disertó sobre 'La invención del pasado en las identidades modernas: el nacionalismo vasco'-, estima que los políticos deben acudir a cursos de doctorado para mejorar una formación histórica que considera «muy baja».
-La instrumentalización de la historia está al orden del día entre los políticos. ¿Cómo acercarse a la verdad?
-La verdad absoluta tampoco existe. Tenemos que admitir, tanto entre los historiadores como entre los políticos que, a lo mejor, el otro puede tener un punto de verdad también en su interpretación de la historia. Aceptando que hay opiniones diversas y pluralidad de visiones de la historia, hemos dado un paso adelante.
-Un ejemplo podría ser el derecho de autodeterminación. Simplificando, Ibarretxe dice que existe y Zapatero que no.
-Ese tipo de conceptos requieren el consenso y el debate porque ni uno ni otro tienen razón en su afirmación tan categórica. Lo que cada demócrata tiene que tener claro es que si una gran parte de un determinado colectivo humano reclama una cierta cuota de autogobierno y lo hace con metodologías democráticas, sin el uso de la violencia, sin la amenaza, a medio o largo plazo hay que dar cauce a esa reivindicación. Así como la otra parte tiene que tener claro que no vale imaginarse una situación que no tiene nada que ver con la realidad, sino que hay que partir de un estatus quo, que es el Estatuto de autonomía existente y que conlleva una serie de procedimientos para su reforma que hay que acordar con sus partidarios.
-Que los políticos digan una cosa hoy y la opuesta al día siguiente es bastante habitual, pero cuando entran en el debate histórico los ciudadanos no tienen la percepción de que la historia cambia de un día para otro.
-Invitaría a muchos políticos a participar en los cursos de doctorado de la Universidad porque, en general, la formación histórica de la gran mayoría de la clase política, tanto en Euskadi como en el resto del Estado, es muy baja. De ahí que un día salga uno con una interpretación determinada y otro replique con la opuesta. Y a ninguno le importa un bledo si su lectura tiene que ver con lo que decimos los historiadores.
-Es usted coautor de la obra 'El péndulo patriótico. Historia del PNV', referente a la permanente oscilación de este partido entre sus dos almas: la esencialista y la moderada. Hoy parece que domina la flexible.
-Frente a la última etapa de Xabier Arzalluz, en la que se habían diluido bastante los rasgos dominantes políticos de lo que ha sido la historia del PNV, Josu Jon Imaz está consiguiendo recuperar esa identidad propia de un nacionalismo de centro-izquierda pragmático, que asume y practica el pluralismo de la sociedad vasca. Josu Jon Imaz, después del fracaso y de la experiencia traumática que supuso Lizarra, ha sacado las conclusiones oportunas y ha enderezado el rumbo del partido en sentido muy favorable para la sociedad vasca en su totalidad.
Sin riesgo de escisión
-Esta situación desvela una dura batalla interna muy equilibrada que, sin embargo, en su opinión, no supone riesgo de escisión.
-Es así y así será por mucho tiempo dentro del PNV, porque existen los dos sectores dentro del partido, pero cada uno sabe que necesita del otro para mantener su cuota de influencia. Eso es un argumento muy fuerte contra una escisión, que no se producirá.
-La ausencia de violencia abre la puerta a nuevos pactos.
-Hoy en día es ciencia ficción llegar a un pacto con la izquierda abertzale, pero cuando opte por hacer política y aprenda que esta tarea significa adquirir compromisos y no conseguir el 100% de lo que uno aspira, en un futuro no muy lejano puede abrirse esta panorámica y pactar con el PSE.
-¿Cree que esta hipótesis podría concretarse por sus coincidencias en política social o por las ganas de ambos de desalojar al PNV del Gobierno?
-El último argumento va a ser el que más pese. Es difícil imaginar un país como Euskadi donde siempre gobierne el mismo partido. El PNV también lo sabe perfectamente. Pero para eso la izquierda abertzale tiene que optar por los pequeños pasos. Es decir, pactar hoy con el PSE para conseguir determinados objetivos a medio plazo sin renunciar a sus planteamientos que van más allá.