El CSKA de Moscú se impuso al Maccabi y a 12.000 seguidores para alzarse con su quinta Copa de Europa y destrozar los sueños de los israelíes, que acariciaban el récord de la Jugoplastika de tres títulos consecutivos. Fue una victoria trabajada, que comenzó de forma negativa. La primera final del CSKA en 35 años era una carga para los jugadores rusos, que se encontraban ateridos. Fue una bendición para los israelíes, que siempre suelen salir en tromba para machacar la moral del rival. Empezaron con 0-7 de parcial por la tardanza de los moscovitas en reaccionar.
Tres minutos tardó Vanterpool en comenzar su recital y en dejar las cosas en su sitio. El base norteamericano tomó las riendas anotadoras de su equipo. No le temblaba la mano a la hora de tirar desde la línea de tres o de penetrar para romper la línea Baston-Vujcic. Ayudado por Papaloukas -siempre está ahí-, despertó al CSKA.
Hasta siete empates se produjeron antes que los rusos pegarán el primer estirón. Se aprovecharon de la caraja inicial de Parker para endosar a los israelíes un parcial de 10-0 (35-25) en el segundo cuarto. En el tercer cuarto lo ampliaron a 12 (44-35, min. 13). Entonces, Pinhas Gershon optó por sentar a Parker. Su equipo reaccionó de la mano del secundario Arnold -enorme debajo de los aros- y de Vujcic. Poco a poco se fueron acercando hasta empatar (46-46). Pero fue un consuelo efímero. Dos triples de Smodis y Papaloukas ponían otra vez por delante al CSKA.
Era un toma y daca constante, de marcador bajo y jugadas pesadas. El momento perfecto para que Parker, el 'MVP' de esta Euroliga, despertara. Él y Solomon devolvieron la vida al Maccabi, hasta provocar el octavo empate del encuentro (55-55). Pero el CSKA no había dicho la última palabra. Dos triples del esloveno Smodis y de Langdon acercaban al equipo rojo a la gloria. Unos tiros libres de Papaloukas, el mejor jugador de la final, y la precipitación del Maccabi, lo confirmaban. El CSKA levantaba el título 35 años después.