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Domingo, 30 de abril de 2006
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CULTURA
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El soldado de la Wehrmacht
La editorial Inédita rescata las novelas bélicas de Sven Hassel, que se publicaron en los años 70 en la mítica colección 'Reno'
El soldado de la Wehrmacht
ÉXITO. Portada del libro de Hassel, que reside en Barcelona.
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BIBLIOGRAFÍA

DE SVEN HASSEL
'La legión de los condenados'. 1953.

'Los Panzers de la muerte'. 1958.

'Camaradas del frente'. 1960.

'Batallón de castigo'. 1962.

'Monte Cassino'. 1963.

'Gestapo'. 1963.

'¿Liquidad París!'. 1967.

'General SS'. 1969.

'Comando Reichsfürer Himmler'. 1971.

'Los vi morir'. 1975.

'La ruta sangrienta'. 1977.

'Ejecución'. 1979.

'Prisión GPU'. 1981.

'El comisario'. 1985.

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Los soldados de Sven Hassel no tienen mucho en común con los de las Hazañas Bélicas de los tebeos de Boixcar, más bien son la versión embrutecida de los Doce del Patíbulo. Son los hijos del proletariado alemán movilizados a la fuerza, haraganes de profesión y supervivientes de batallones de castigo que no encuentran demasiado tiempo para la piedad: están ocupados aligerando de dientes de oro a los combatientes muertos del Frente del Este, birlando cualquier cosa sospechosa de ser comestible y escapándose sin pagar de los burdeles de un París ocupado.

A los reclutas que llegan de Berlín con las botas como un espejo les cuentan las cosas que han visto como si soltasen chistes malos en un bar, les cuentan cómo han visto a los cuervos devorar los tendones de los prisioneros o cómo se arranca la cabeza de un enemigo con una pala de cavar trincheras, mucho más efectiva que una bayoneta. No se fían de la Gestapo ni han leído el 'Mein Kampf', venderían a sus madres por media docena de pitillos de opio y se tronchan con la manera de andar de Hitler, el cabo de Bohemia, con sus pies metidos hacia adentro.

Y a la hora de combatir, y lo han hecho en todos los frentes -en el corredor sangriento de los Balcanes, en los grandes bosques que rodean Minsk y a la sombra del monasterio de Monte Cassino-, han concluido que la victoria pertenecerá al que mejor utilice la violencia. Clausewitz, el maestro prusiano de la guerra, escribió que la sangre es el precio de la victoria, y la tropa de Hassel, que no ha leído a Clausewitz -ni el propio Hassel probablemente tampoco-, la derrama a raudales más por vivir otra semana que porque en realidad les importe un rábano en qué acabe la contienda. Como todos los soldados, sólo quieren volver a casa. Si es posible de una pieza.

Hassel el veterano

Las catorce novelas de Sven Hassel se apoyan sobre un esquema casi inalterable que alterna la descripción de violentísimas batallas con periodos de trinchera crispados por idas y venidas de oficiales, ejecuciones, diálogos desatados y timbas. A lo largo de las más brutales carnicerías de la Segunda Guerra Mundial se mueven los personajes fijos de la saga que responden a personalidades más bien arquetípicas, como el propio narrador Sven, que aún conserva la capacidad de horrorizarse, o el cabo Porta, un trilero flaco y buscavidas que se toca con una vieja chistera y siempre tiene hambre. No se embriagan en introspecciones, como los soldados de Guadalcanal de Norman Mailer, y después de las matanzas no entienden la guerra, pero sus prioridades se inclinan por la pitanza y el pillaje, y por acabar el día con vida, quizá como una tropa de carne y hueso, que no suele estar formada por filósofos ni poetas.

La obra de Hassel la difundió en España el escritor Mario Lacruz, que dirigía la colección 'Reno' para Plaza y Janés. Lacruz, autor de 'El inocente', una de las primeras novelas negras españolas, no tenía el marchamo intelectual de Carlos Barral y otros editores de la nueva izquierda, pero divulgó un millar de títulos que iban desde 'La montaña mágica' de Thomas Mann, hasta la serie de 'don Camilo' de Giovanni Guareschi, a través de los libros de 'Reno', estrechos incluso para un formato de bolsillo y envueltos por impactantes portadas a la témpera que recordaban las carteleras de Jano.

Hassel, además, traía debajo del brazo el cartel de veterano de los frentes más duros de la guerra, prestigiado por dos Cruces de Hierro, la Medalla de Mannerheim y la Cruz Militar Italiana, y por media docena de heridas en combate. Su biografía explicaba su origen entre el proletariado danés que tuvo que buscarse el sustento en la emigración.

Después de una temporada en el mar se alistó en el Ejército alemán, con el que entró en Polonia formando parte de una división Panzer. Desertó con los galones de cabo pero fue capturado y sufrió una condena a trabajos forzados. Cuando la guerra se desató completamente, le alistaron a la fuerza en un batallón disciplinario, el 27º Regimiento de Carros de Combate, con el que se batió en todos los frentes del escenario europeo.

Era teniente cuando se rindió a los rusos en Berlín, en el parque Tiergarten, a dos pasos del búnker de la Cancillería en el que Hitler se estaba pegando un tiro. Cuando salió del presidio de Iván, con niebla en la mirada provocada por la fiebre caucásica, puso por escrito el homenaje a los camaradas muertos. 'La legión de los condenados' se publicó en 1958 y el éxito que obtuvo le convenció de no mover el esquema sobre el que construyó el resto de la saga.

... o Hassel el farsante

Pero siempre hay una posición que defender y una colina que tomar, o una reputación que mantener. Y Hassel ha tenido que pelear por la suya contra el periodista danés Erik Haaest, que lleva una década intentando desmontar el pasado bélico del escritor. Haaest pretende que Hassel fue un timador de cuarta que nunca salió de Dinamarca y que se vestía con uniformes de la Waffen-SS birlados con los que se agenciaba cartillas de racionamiento y prebendas con las que hacer fortuna. Si estuvo en la cárcel fue más por chorizo que por desertor, asegura el periodista, y añade que Hassel es incapaz de poner en su sitio dos palabras seguidas, por lo que sus atrocidades inventadas que disfraza de recuerdos se las ordena Dorthe Jensen, la mujer también de pasado patibulario con la que se casó en 1951.

Farsante o superviviente del infierno, Sven Hassel se mudó a Barcelona en 1964, en donde aún reside. Tiene 90 años y ha vendido 50 millones de ejemplares en veinte idiomas, y puede que algunas noches, cuando visite sus recuerdos, acaricie las Cruces de Hierro, de 1ª y 2ª clase, obtenidas en combate o en un rastrillo de quincallas en Dinamarca.



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