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Domingo, 30 de abril de 2006
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CULTURA
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Mendandia, un Edén prehistórico
Un equipo de arqueólogos de la UPV descubre en Okina-Saseta evidencias que trastocan los conocimientos establecidos sobre el Mesolítico y el Neolítico en Euskadi
Incluso en nuestros días, el barranco de Okina-Saseta, un desfiladero estrecho -situado entre Vitoria y el Condado de Treviño-, cortado por el curso alto del Ayuda, que serpentea entre bellos barrancos y parajes agrestes, está nimbado de ese particular candor que solamente emiten aquellos paisajes que encierran una evidente riqueza natural. De hecho, ya desde la prehistoria, este desfiladero constituía un auténtico paraíso de caza para determinados grupos humanos que establecieron en sus laderas sus campamentos y desolladeros. Así lo demuestra el libro 'El campamento prehistórico de Mendandia: ocupaciones mesolíticas y neolíticas entre el 8500 y el 6400 BP' , que presenta las principales conclusiones obtenidas por un equipo multidisciplinar de la Universidad del País Vasco que excavó el abrigo natural de Mendandia, entre 1992 y 1997.

La importancia del trabajo, de cuya edición son responsables, además de la citada Universidad, la Fundación José Miguel Barandiarán y la Junta de Castilla y León, reside en que tira por tierra algunos de los postulados establecidos sobre las poblaciones humanas de los períodos Mesolítico y Neolítico en la Península Ibérica, y más concretamente en el territorio vasco.

«En Mendandia -asevera el coordinador de la excavación y autor del estudio, Alfonso Alday Ruiz, profesor de Prehistoria del campus de Vitoria, se ha rescatado una de las mayores concentraciones de piezas óseas de uro (bóvido salvaje ya extinto antepasado de la vaca contemporánea) encontrada en un yacimiento del continente europeo. Se ha podido verificar, asimismo, que los grupos de cazadores-recolectores que habitaban el abrigo en estos periodos de tiempo se organizaban ya en el seno de sociedades complejas, en las que menudeaban los intercambios materiales con otras poblaciones humanas».

Por si esto fuera poco, en los niveles neolíticos de la excavación, ha aparecido un tipo cerámico desconocido hasta la fecha, que, en palabras del profesor Alday, obliga, debido a su antigüedad, a nuevos planteamientos sobre la evolución cultural de estos grupos.

«El primer nivel de la excavación se sitúa hacia 7500 antes de Cristo (aC), momento que se corresponde con los inicios del poblamiento estable de Álava tras el fin de los tiempos glaciales», sostiene el prehistoriador de Portugalete. No obstante, la ocupación intensa del abrigo por grupos de cazadores data de 6600 a 6500 aC. Esa época «presenta la máxima extensión de bosque en el área vasca», explica Alday. Sendas masas de hayas (de la que se pensaba que no llegó a las región hasta un milenio después), pinos, robles y encinas, cubrían ambos flancos de estos escarpes, que en esa época estaban infestados de ciervos, corzos, uros, caballos, cabras, sarrios, jabalíes, linces, gatos monteses

Todo ello, bajo un clima algo más húmedo y frío que el actual. El abrigo de Mendandia, situado en medio de una riquísima reserva de caza, constituía un campamento cuyos usuarios prehistóricos adoptaban como campo base desde el que lanzar sus expediciones cinegéticas.

El experto sostiene que «el tratamiento de los huesos de animales encontrados en estos estratos, así como la selección de maderas para quemar, sugieren que, tras las acciones de caza, y troceado-descarnado, estos cazadores procedían a prácticas de ahumado de las piezas, para así lograr su conservación».

En el caso concreto de los uros, se ha comprobado que se prefería apresar a los terneros (el 80% de las piezas cazadas tienen menos de dos meses) y sus madres. Se deduce así que el yacimiento se ocupaba en primavera y a principios del verano, momento en que se procedía a la caza de las hembras y las crías, que estaban indefensas».

Todo esto queda refrendado además por el instrumental lítico obtenido, destinado en su totalidad al despiece de las presas, de lo que se desprende que las armas de caza «estaban facturadas en madera», por lo que no se han conservado.

Sociedad compleja

Pero el punto álgido en el devenir vital de los ocupantes del puesto de caza de Mendandia se produjo algo después (entre 6400 y el 6100 aC), momento en el que, a tenor de lo hallado, se empieza a utilizar todo un «nuevo utillaje compuesto por pequeños geométricos de sílex (triángulos y trapecios de 1 a 2 centímetros de longitud), destinados a ser engastados en astiles. Porque la caza se llevaría a cabo mediante arcos y flechas».

Otro dato significativo es la aparición, en este nivel de la excavación, de piezas de sílex procedente de lugares distantes al área donde se sitúa Mendandia, como Urbasa y la costa cantábrica. Además de conchas marinas (destinadas a adornos), oriundas del Cantábrico y el Mediterráneo. «Estos hallazgos sugieren -matiza Alfonso Alday- que se trataba de sociedades muy complejas».

Se evidencia así que se producían contactos de índole social con poblaciones más o menos lejanas. «Estas gentes desarrollaban una estrategia integral de explotación del medio. Se puede considerar el área de Mendandia en esta época, como un auténtico Edén prehistórico por las posibilidades de caza y materias primas que ofrecía el medio», sentencia el arqueólogo.



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