Hay que volver a los clásicos, a las citas plagadas de connotaciones épicas. La sensación ha acompañado a la plantilla en su desplazamiento a Manresa, donde ya pasó la noche del viernes. Ante Gorka Arrinda -como accionista mayoritario- o cuadrándose frente a Jon Davalillo -presidente ejecutivo de la SAD Bilbao Basket-, el mensaje al filo de las 12.30 horas no debe alejarse de la máxima empleada por los gladiadores. El legendario «Monituri te salutant» será la estrofa que reboteará una y otra ve en las mentes de una plantilla que dice haber entendido la situación.
Durante la semana posterior al palo sufrido ante el Fórum, se han sucedido los comentarios, las conversaciones, las tomas de contactos entre todas las mezcolanzas posibles de interlocutores. De todas ellas parece haber surgido el espíritu del Nou Congost, una nueva forma de plasmar la involucración y profesionalidad en un miniformato de cuatro jornadas. Los jugadores dicen que son conscientes de lo que han dejado de hacer. Quien les debe organizar duda entre el látigo y el bálsamo como complemento en sus manos. La vida pasa, el tiempo vuela y de lo que suceda en 160 minutos dependerán muchas cosas: que unos y otros tengan o no trabajo; que se desinfle la corriente social que ha llevado hasta aquí un proyecto tan innovador que se le adivinan rastros de acné; que cualquier héroe se vuelva injustamente villano; que llevarán la razón infinita los que defienden el fútbol como monomandamiento deportivo; que estará en ciernes un Palacio de los deportes sin deportes; y que parecerá no haber servido para nada lo mucho y bueno dejado por el camino.
Ya no hay secretos
Como eso no puede suceder, cada uno ya conoce su cometido. El que manda en el vestuario y dirige desde el banquillo pide defensa, escrita sobre el parqué del Congost en las más descomunales mayúsculas imaginables. Es la clave. Es la consigna de quienes vociferan «Monituri te salutant». Hay que morir sobre la madera, predicando con el ejemplo el que puede ser el envío del Leche Río a la Liga Leb el próximo jueves. Las cinco mil turutas que habrá entonces en La Casilla sonarán como si legiones de aficionados se personaron en el circo en busca de lo que allí se ofrece.
Aquí nadie se queda corto. Si pidiendo algo, llega... ¿Y si no lo hace? Con nueve meses a cuestas, todos juntos, conviviendo día a día y semana a semana, ya no pueden quedar secretos. El vecino conoce hasta los tics premonitorios de quien tiene a su vera. La plantilla del Lagun Aro es la única llamada a colocarse la gran medalla de la salvación. No está en la mano de quienes silban, aplauden, escriben, hablan, comentan o se interesan, el deber y el honor de saltar a la arena, sortear los peligros y acabar pidiendo una decisión del César sobre si su pulgar apunte hacia arriba o hacia abajo. La primera piel de la cebolla es la fundaental. De su cierre depende que las posteriores se plieguen siguiendo el orden natural establecido. Así es como se cierra a cal y canto un ente con vida: con un núcleo fusionado. Si realmente lo está el del Lagun Aro, seguro que sobrarán -no es coña- jornadas para despedir la Liga como se merece, a ritmo de 'showtime'.
Van a alucinar en el Nou Congost esta matinal con lo que es dar paladas al unísono. Aunque, la verdad es que nunca se han dejado de dar perfectamente sincronizadas desde los estamentos más cercanos al equipo. Así que, lo prioritario es que el ballet quede bien en la pista. Ya habrá después efectos megafónicos para arengar a cinco mil 'hooligans' de cara al duelo del jueves contra el Breogán. Y si tanto jugador suspira por quedarse en Bilbao, «en esta ciudad que tan bien nos trata y nos gusta», que sepa que el turismo hay que ganárselo a base de respeto, regularidad y profesionalidad en la cancha. Los que juegan son los que elige un señor perfectamente cualificado para hacerlo. El Lagun Aro es un club nuevo, pero en sus carnes aún maceran los peligros de la competición. Volver a pasar por lo mismo... Ni pensarlo. Así que dos victorias más y reserva en el balneario.