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Domingo, 30 de abril de 2006
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ECONOMÍA
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Los sindicatos, ante los nuevos retos del siglo XXI
Las organizaciones obreras afrontan el Primero de Mayo con el desafío de mantener y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, en una época de rápidos y trascendentales cambios
INMIGRANTES EN LUCHA. La llegada de mano de obra extranjera a los países desarrollados y la movilidad laboral marcarán la estrategia sindical del futuro. / EL CORREO
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Los sindicatos celebran mañana en todo el mundo la Fiesta del Trabajo con manifestaciones, concentraciones y otros actos . La fecha pone de actualidad el papel de estas organizaciones en una sociedad moderna, que en los albores del siglo XXI está experimentando cambios esenciales a gran velocidad y que requieren una rápida adaptación de las centrales a nuevas realidades, cada vez más complejas y más globales.

La deslocalización empresarial, la competencia en mano de obra barata de países europeos y asiáticos, los movimientos masivos de inmigrantes en busca de oportunidades laborales, la conciliación de la vida laboral y familiar, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y a puestos de responsabilidad, el envejecimiento de la población, la creciente flexibilidad y desregulación laboral, el retroceso del Estado del Bienestar... Ésos son algunos de los principales retos a los que las centrales tienen que hacer frente y para los que deben establecer líneas de actuación con frecuencia innovadoras. Su desafío es convertir estos problemas en nuevas oportunidades para la población trabajadora.

«Metidos en un lío»

Especialistas y sindicalistas consultados por EL CORREO coinciden en que es imprescindible un cambio en las estrategias tradicionales ante los nuevos tiempos para que la «amenaza sindical» siga siendo una fuerza de persuasión en las relaciones laborales. Las circunstancias que hicieron posible el desarrollo del sindicalismo a mediados del pasado siglo han cambiado radicalmente y las organizaciones obreras van con frecuencia a la zaga, intentando apagar el fuego en diferentes frentes. Y es que, como recuerda una de las sindicalistas consultadas, «cuando nos sabíamos todas las respuestas, nos han cambiado las preguntas».

Las centrales se consideran, en general, preparadas y puestas al día para afrontar los nuevos retos. Desde hace años, sus congresos confederales han establecido ya la pautas y doctrinas a aplicar ante unas realidades cambiantes. Sin embargo, los especialistas consultados difieren notablemente.

Por ejemplo, Ángel Toña, profesor de Ética de la Empresa y de Relaciones Laborales en la Universidad de Deusto, no tiene reparo en asegurar que los sindicatos «están metidos en un lío», «una terrible pesadilla, con un futuro que se les cae encima y del que no saben cómo salir». Tienen que defenderse -explica- frente a la flexibilidad, las deslocalizaciones, las bajadas de salarios... En otras palabras, «en el mundo sindical pintan bastos», asegura.

Y lo dice desde una defensa numantina del papel de las centrales de clase en el mundo moderno y de su aportación a la «cultura del acuerdo». En las relaciones laborales, explica, «las fuerzas sindicales organizadas son básicas».

En relación al bagaje ideológico que las centrales deben utilizar para afrontar los nuevos retos, Toña precisa que ha sido superado el viejo concepto marxista, pero precisa que el sindicato tiene que defender la «contraposición de intereses y reivindicar la diferencia», en especial cuando la globalización afecta negativamente a los trabajadores y están aumentando las bolsas de pobreza.

Pacto roto

Juan Hernández, profesor y ex director de la Escuela de Relaciones Laborales de la UPV y miembro del Consejo Económico y Social (CES) vasco, aborda el asunto desde una perspectiva más teórica. El contrato social entre capital y trabajo -apunta- «se ha roto desde el lado empresarial», y el que lo sustituya debe bascular hacia la «igualdad y la redistribución de la riqueza». Con la mundialización de la economía, continúa, los sindicatos se enfrentan a una situación de «pérdida de derechos nacionales», que favorecen una regulación laboral cada vez más débil y que afecta de forma muy especial a los países en vías de desarrollo, donde no pueden sostener un nivel mínimo de derechos.

Lo que debería hacerse, propone, es «construir un derecho internacional nuevo» para la globalización, frente a lo que denomina «derecho blando», la autoregulación corporativa tan en alza, que no va a poder sustituir, en su opinión, al tradicional.

Ante esta situación, añade, los sindicatos sólo tienen el arma de la presión. En los países desarrollados pueden hacerlo por sí mismos para sacar adelante esa nueva normativa internacional que regule derechos en una actividad globalizada; pero en los países menos desarrollados deberán ampliar sus alianzas a otros movimientos sociales y ONG para ganar capacidad de presión.

El fin no es otro, concluye Hernández, que «utilizar las mismas armas» que la globalización económica, en un momento en que el internacionalismo obrero «tiene más fuerza que nunca». El problema -añade- es que no está coordinado más allá de sus fronteras.

Más ideología

Adolfo Muñoz, responsable de acción sindical de ELA, cree que para hacer frente a los nuevos tiempos «hay que apelar cada vez más a la ideología», como hacen, por ejemplo, «los consejeros del BBVA» que «no tienen dudas» sobre los fines de la empresa: «más beneficios para sus accionistas».

Los principios ideológicos no tienen que cambiar para afrontar las nuevas realidades, sostiene. En cambio, sí hay que «adaptar las actuaciones, la forma de trabajar». El reto ayer y hoy sigue siendo «organizar a trabajadores para responder», explica.

El «planteamiento de fondo» de ELA ante la «oleada neoliberal» que afecta por igual a todo el mundo es «no acompañarla», frente a la estrategia de otros modelos sindicales. La razón es clara, precisa: «No vamos a validar políticas de gobiernos y patronales que tienen por objeto precarizar la situación de los trabajadores».

Muñoz, miembro de una organización a la que se acusa de oponerse a casi todo, confiesa que el discurso de ELA es similar al de todos los sindicatos, pero que la situación cambia al incorporar al mismo «elementos de lucha y confrontación» contra la precarización.

Eduardo García, secretario de acción sindical de CC OO de Euskadi, explica que su central trabaja desde hace años desde la premisa de que el conflicto capital-trabajo se presenta en este comienzo de milenio «de una forma diferente». Comisiones Obreras ha optado, como forma de combatir los efectos más perniciosos de la internacionalización económica, por intervenir «universalizando derechos». Otras fuerzas, apunta, han elegido la «aceptación acrítica» o resistirse a este movimiento. Frente a los problemas y pérdida de empleo que genera la deslocalización empresarial, la respuesta debe ser «cambiar el modelo productivo, con más innovación empresarial y productos de más valor añadido», la mejor vía para «internacionalizar la propia economía», sostiene.

División de trabajadores

Ainhoa Etxaide, vicesecretaria general de LAB, reconoce que los sindicatos no están respondiendo con «la dimensión necesaria» a los nuevos problemas de la clase trabajadora. El reto es, a su juicio, construir una estrategia para conseguir soluciones, y también definir qué modelo sindical se va a utilizar en esta tarea. Uno de los grandes problemas -explica- es cómo abordar la división existente entre la propia clase trabajadora, con intereses contrapuestos a menudo.

Lo prioritario en la actualidad para LAB -añade Etxaide- es conseguir estrategias sindicales eficaces para hacer frente a la «creciente precarización, los nuevos mecanismos de explotación y al mayor riesgo de pobreza». Y ello, cuando el modelo de negociación colectiva está «en una fase de resistencia».

Desde UGT-Euskadi, Emilia Málaga, responsable de relaciones internacionales, se pregunta si ante la nueva situación global los sindicatos han perdido su capacidad de «amenaza creíble». Frente a quienes piensan que las centrales están desbordadas, asegura que al menos UGT llega a todos los problemas, pero que tiene que mejorar. Y en especial debe hacerlo «en la empresa», donde «estamos condenados a entendernos con el empresario».

Los sindicatos están respondiendo bien ante la globalización, asegura. No cree que «haya problemas nuevos» a los que no sepan hacer frente. Por otro lado, una de las prioridades de su central es trasladar «la acción sindical tradicional» a los nuevos grupos de trabajadores», que sufren las condiciones de una desregulación más intensa.



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