La publicación de los últimos datos macroeconómicos de coyuntura, que apuntan un incremento del paro, de la inflación y del precio de las hipotecas, ha disparado las alarmas introduciendo una reflexión por parte de los agentes económicos y sociales muy pertinente y que el Gobierno no debería dejar de atender. La actividad pública durante los dos años transcurridos desde las elecciones ha sido de gran densidad política, entre otras razones porque la marcha de la economía se mantiene desde hace una década en situación boyante, pero hoy aparecen indicios claros de que podría cambiar, por lo que parece lógico que la atención se centre en mayor medida en las cuestiones de crecimiento económico.
La evolución de la economía española, que casi duplica la media europea, se basa en el dinamismo del sector de la construcción -recalentado desde hace años- y en la solidez de la demanda interna, y avanza acompañado de una elevada inflación, con un diferencial constante de un punto y medio con relación al promedio comunitario, lo que merma extraordinariamente la competitividad y ha disparado el déficit exterior hasta límites difícilmente soportables. Así las cosas, la actual tendencia al alza de los tipos de interés, que encarece las hipotecas, podría enfriar súbitamente la demanda inmobiliaria, que asimismo se vería muy comprometida si aumentara significativamente el desempleo (que haría crecer también los fallidos en el sector hipotecario). A día de hoy, la última Encuesta de Población Activa indica una subida del paro de cuatro décimas en el primer trimestre del año, pero a la vez un gran incremento de la tasa de actividad, lo que relativiza el mal dato; sin embargo, el riesgo de que cese la bonanza por causa de los desequilibrios internos existe objetivamente y requeriría la adopción de las terapias adecuadas. Sin embargo el Gobierno parece centrado en el gran debate territorial y en su programa de reformas políticas y sociales, en tanto el limitado plan de dinamización planteado por Economía se diluye en su propia inactividad. Son ya muchos los análisis que coinciden en afirmar que podríamos encontrarnos al final del ciclo si no se actúa con contundencia en la doble dirección de estimular la productividad y de liberalizar los numerosos mercados aún cautivos y los sectores que todavía están altamente intervenidos. Ello requiere grandes inversiones en I+D y en educación y medidas de desregulación de mercados, normas de transparencia en los distintos ámbitos de la intermediación y la distribución, y actuaciones específicas de introducción de competencia en numerosos oligopolios de hecho que represan los precios y generan la inflación.