La violencia entre sectores religiosos ha obligado a unas 100.000 familias en todo Irak a huir de sus hogares. Así lo aseguró ayer el vicepresidente Adil Abdul Mahdi en una jornada en la que 21 personas perdieron la vida, entre ellas doce que fueron torturadas en cautividad.
Mahdi dijo en la ciudad de Nayaf, al sur del país, que el 90% de los desplazados eran chiíes, como él, y el resto, suníes, la minoría que dominaba el país durante el régimen de Sadam Hussein. Otras fuentes hablan de cifras menores. El doctor Salah Abdul Razzaq, portavoz de la fundación chií, un organismo gubernamental que administra las instituciones religiosas de este sector, dijo que había 13.750 familias desplazadas, lo que supone unas 90.000 personas, en todo el territorio iraquí. El ataque a una mezquita chií en Samarra el pasado 22 de febrero provocó una ola de violencia en centros religiosos.
Sin embargo, hace unos días, un portavoz militar estadounidense, el mayor general Rick Lynch, señaló que no se advertía un «desplazamiento masivo» de chiíes y suníes desde zonas de población religiosa mixta.
En los actos de violencia más graves de ayer, aparecieron en Dora los cuerpos esposados de doce hombres con los ojos vendados y señales de tortura. Este distrito de la capital es uno de los más afectados por la violencia. Además, otras siete personas murieron en diferentes ataques en el país del Golfo. Entre ellos, un soldado estadounidense, que pereció por la explosión de una bomba al paso del vehículo en el que se desplazaba por una carretera del suroeste de la capital.