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Domingo, 30 de abril de 2006
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SOCIEDAD
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75 años de Empire State
El rascacielos más alto, más famoso y más filmado de Nueva York intenta reinventar su futuro
75 años de Empire State
SÍMBOLO DE MANHATTAN. Vista aérea del Empire State. / AP
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En los días que siguieron al 11-S, la desaparición de las Torres Gemelas dejó huérfano el horizonte de Manhattan. Cada neoyorquino salía del metro desorientado, buscando esa referencia que incluso desde los confines de New Jersey revelaba de un vistazo el este y oeste de la ciudad. Quienes volvían desde el aeropuerto de Newark se encontraban con su ausencia en el desangelado perfil de la isla más filmada del mundo.

Fue entonces cuando otro icono de la ciudad recuperó la gloria perdida. El Empire State volvía a ser el rascacielos más alto de Nueva York, tras haber cedido el título al World Trade Center en 1972. La llegada a Manhattan desde el aeropuerto John F. Kennedy volvía a ser la más impresionante y el entrañable edificio art decó, del que se enamoró King Kong con tanta pasión como de la actriz Fay Wray, despuntaba sobre los demás. Mañana cumplirá 75 años como faro de Manhattan, aunque no por ello se encamina al centenario con menos incertidumbre de la que emergió en 1930 sobre los restos del antiguo Waldorf Astoria.

Su romántica historia ha estado llena de desaciertos prácticos desde que el 1 de mayo de 1930 Herbert Hoover lo inauguró desde Washington apretando el botón de su iluminación, en plena Gran Depresión. Entonces, se creía que Manhattan nunca se extendería por encima de la calle 59, y que esa zona de la Quinta Avenida con la calle 34 en la que se emplaza el Empire State sería el corazón de la ciudad. Con la crisis, la mayoría de las 80 plantas destinadas a oficinas se quedaron vacías, y aún hoy el 18% sigue sin alquilar, según datos de la firma inmobiliaria Colliers ABR. Lo cierto es que incluso su precio por metro cuadrado está por debajo de lo habitual en esa zona del llamado Midtown, donde la media de oficinas sin ocupar es del 6%.

Aún así, la construcción de varios edificios de viviendas en los alrededores hace pensar en un 'revival' que lo aleje aún más de la imagen de bandas callejeras y prostitutas que lo rodeaban en los años 80 tan pronto como cerraban los comercios de mayoristas. A ello contribuirán los 150 millones de dólares que sus propietarios van a invertir para renovar sus añejos interiores, entre ellos los 800 servicios, 73 ascensores y el sistema de aire acondicionado y calefacción. Lo que no tiene arreglo es el tamaño de sus oficinas, condenadas por las grandes columnas que sostienen el edificio, frente a la tendencia de rascacielos con grandes ventanales.

Una realidad económica muy distinta a la que vive su eterno rival, el edificio Chrysler. El astuto gobernador de Nueva York Alfred Smith convenció al fundador de General Motors, John Rascob, para que se embarcase en la costosa aventura de destronar al Chrysler como el edificio más alto del mundo. De esa locura de egos y vanidades en los tiempos en los que la industria automovilística era el motor de la economía, surgió vertiginosamente el edificio del imperio. Todavía hoy ostenta el récord de la construcción más rápida para un rascacielos de sus dimensiones.

Los 3.439 hombres que llegaron a trabajar en él eran los mejores del sector, fichados gracias al masivo desempleo de la Gran Depresión. Sin cascos ni arneses, su seguridad en las alturas dependía completamente de su forma física, y ésta era tal que los obreros desempleados se concentraba en los alrededores para contemplar sus acrobacias. La leyenda cuenta que cientos de ellos perecieron en el intento, pero la realidad es que fueron sólo seis.

Hasta Fidel castro

Lo que siempre ha salvado al faro del imperio, referente mundial del art decó, ha sido el observatorio instalado en la planta 86. Casi cuatro millones de visitantes hacen cola cada año para subir hasta él. Ante la imposibilidad de instalar más ascensores, la forma de acortar las esperas, que pueden llegar hasta hora y media, ha sido crear una cola 'vip' para los que estén dispuestos a pagar casi el doble por la entrada.

La vista no tiene precio. Destacados personajes de todo el mundo, desde la reina Isabel de Inglaterra hasta Fidel Castro, han vivido la experiencia. «Hay quien dice que las Torres Gemelas tenían mejor vista cuando no estaban cubiertas por las nubes, pero eso era sólo porque se podía ver el Empire», asegura Sam Roberts, del diario 'The New York Times'. Junto a la Estatua de la Libertad, el Empire State seguirá siendo un símbolo mundial hasta el final de los tiempos.



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