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Domingo, 30 de abril de 2006
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«Somos un espejo uno del otro»
La pareja de bailarines vizcaínos, campeones de España, lucha por sacar al baile de salón del olvido institucional
«Somos un espejo uno del otro»
AL RITMO DE LA MÚSICA. Los campeones de baile Isidro Zapatero y Natalia Garate ensayan una coreografía. / L. A. GÓMEZ
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Natalia Garate es una muchacha menuda, de grandes ojos verdes, que pesa 41 kilos y emplea dos horas en maquillarse para ponerse de mulata. Pero cuando la ves moverse al ritmo de la música, embutida en su traje negro, con sus zapatitos de baile de color cobre y suela de fieltro, parece una pantera. Su pareja, Isidro Zapatero, flexiona, extiende, puntea, se alza, la coge de la mano, gira, afila su empeine en el 'coup de pied' clásico... con movimientos armónicos, sabios, precisos y mil veces ensayados. Esta pareja de bailarines vascos acaba de proclamarse campeona de España en la categoría de senior latino, acabando con la hegemonía de 10 años de Cataluña. Confiesan que la copa de plata que se han traído de allí podrían llenarla varias veces con las gotas de sudor que han dejado sobre el parqué cuando entrenaban, en un triunfo labrado con la fuerza de voluntad.

Ambos proceden del ballet clásico y se ganan la vida como monitores y profesores de baile (Natalia da también Pilates) en Bilbao. El baile deportivo se coló en sus vidas de rondón. Ella tenía el veneno del ritmo en la sangre. Aunque trabajó quince años como esteticista recuerda que «no podía dejar de bailar». Hasta que en 2001 descubrió el baile deportivo. «Necesitaba un chico como pareja para competir y busqué a Isidro, los dos habíamos estudiado en la academia de Ion Beitia. Para mí era muy importante que fuera bailarín, como yo». Así que concertaron una cita. A ciegas. Y allí se presentó Natalia con unas revistas y unos vídeos y la idea de ser una diosa en la pista. Isidro, antiguo estudiante en el London Studio, escuchó pacientemente aquel torrente de entusiasmo. El 'romance' cuajó en dos semanas.

Desde aquel día dedican dos horas diarias a entrenar los cinco bailes que componen el repertorio latino: chachachá, bolero, samba, pasodoble y jive, como llaman ellos al rock and roll. Lo que poca gente conoce es que cada una de esas coreografías debe cumplir unas pautas, unos pasos marcados, obligatorios y que se han bautizado como 'New York', 'hand to hand', 'open in out' y 'las cucarachas', ese movimiento en que el bailarín pasa a la chica de derecha a izquierda... Porque ésa es otra, en el baile de salón, los papeles están claros. «El hombre dirige a la mujer, la conduce», concede Isidro. «La mujer es la bella, la que se exhibe en el baile. Por eso los chicos vestimos de negro y las mujeres llevan esos vestidos tan espectaculares», apunta. Tan espectaculares y tan caros. Un modelo de competición ronda los 3.000 euros.

Duelo en la pista

«Esto es un deporte. En cada baile se tiene que ver fuerza, velocidad, resistencia mental y física. En el campeonato pasamos 5 horas de competición, bailando, bajo la mirada de una decena de jueces», resalta Isidro. Hablan de competición, de un duelo verdadero, con codazos, desplantes, pisotones, movimientos orquestados para llevar el agua a su molino... Como si fuera una final de 10.000 metros en el estadio. Hasta el escenario comparte nombre. «En la pista siempre tienes el riesgo de recibir un pisotón o un manotazo. Y, si lo recibes, debes seguir bailando, como si nada. A mí me han llegado a romper un zapato de un pisotón», dice Natalia. «Tienes que ser siempre el más fuerte», dice Isidro. «Bailar nos hace disfrutar, nos convertimos en el centro de atención de todo un polideportivo. Siendo bailarín te crees más, no sé, es como si tuviéramos un don. ¿Desde cuando? Desde que vi 'Fama' por primera vez. Yo de pequeño quería ser Leroy», sonríe el flamante campeón vizcaíno.

El programa '¿Mira quién baila!' está descubriendo que, con un poco de atención e ingenio, nadie es patoso y que un gigantón como Fernando Romay puede ser 'superglamouroso' danzarín. El jugador de baloncesto, Rosa, María del Monte, Milene Domíngues y Carmen Sevilla deben, como nuestros campeones, bailar los mismos pasos obligados del baile de competición. «Se les ve bien, que disfrutan... El concurso está sirviendo para demostrar que cualquiera, sin importar la edad o la altura, puede bailar estupendamente. El baile en pareja es bonito, hay contacto, te desinhibe... Es sensual, elegante. Un juego. Nosotros -explica Natalia Garate- bailamos siempre felices. En realidad, en la pista somos un espejo el uno del otro».

Samba en Bilbao

Tanta dedicación y empeño tiene, sin embargo, sus pequeñas paradojas. Cuando Isidro y Natalia salen por la noche, no bailan. Casi nunca. «Es que a mí me coge cualquier chico y no sabe qué hacer conmigo», resume la bailarina. La pareja recuerda el día en que el brasileño Carlinhos Brown tomó al asalto las calles de Bilbao. Los dos se pusieron a bailar samba en mitad de la calle. Poco a poco se fue haciendo un círculo alrededor de ellos, cada vez más y más grande. Tuvieron que parar. La comitiva se marchaba...

Ahora, cuando los bailes de salón, con el apoyo pleno del entusiasta Juan Antonio Samaranch, van camino de ser deporte de exhibición en las próximas Olimpiadas, Natalia e Isidro preparan su participación en el campeonato del mundo de Helsinki y en el mítico Black Pool que se celebrará el mes próximo en Londres, algo así como el Maracaná de los bailarines. De momento seguirán viajando cada semana a Barcelona (La Meca del baile en España) para recibir sus clases particulares de Marco Sietas, para encargar sus zapatos 'Supadance' de princesita voladora y sus trajes de pedrería hechos a mano, con la ilusión puesta en seguir moviendo los pies al ritmo de la música. Y, en algún lugar, cuando los vean bailar, los recuerdos de una matinal de domingo, de una cita junto al parque donde una orquestina atacaba los sones de un pasodoble vibrante o de una cumbia de caña de azúcar, aflorarán en la mente de muchas parejas que, acunados por los acordes, dieron sus primeros pasos juntos.



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