De pequeños, todos tenemos un sueño. Y el de Aitor Herraiz era visitar los nichos de ametralladoras que horadan los montes que rodean su pueblo, Zamudio, desde la Guerra Civil Española. Ahora, con 35 años cumplidos, los mira como entonces y sueña con lo mismo. Pero está más cerca.
Al lado de la casa de sus padres, junto a su autobús rojo, guarda un vehículo de guerra alemán del setenta. «Quiero prepararlo para echarlo al monte y recorrer el 'cinturón de hierro' con él: desde Larrabetzu a Artxanda, pasando por Lezama», confiesa. No es fácil. «Muchas de las pistas que llevan a las trincheras están llenas de maleza, y eso no lo puedo limpiar yo solo, sin ayuda de las instituciones». El proyecto supone mucho para él... «Y para los turistas: ¿se podría hacer rutas por ahí, con el aliciente añadido de ir en un camión usado en otra guerra!», explica.
La última cena
Es su sueño... Y el de su cuadrilla. De hecho, «la idea se basa en los esbozos que hacía el hermano de mi amigo Kerman en su cuaderno cuando éramos críos», apunta. Unos dibujos que eran «auténticas reconstrucciones» de las armas e instalaciones que usaron los gudaris y que han sido tema de conversación muchas veces. «En la última cena que hicimos hace unos meses, por ejemplo», reconoce. La idea, al contrario que la camioneta, no está aparcada.