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Domingo, 30 de abril de 2006
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Vacaciones de andar por casas
Vacaciones de andar por casas
GORLIZ. Fermín y Visi han recorrido media Europa en su furgoneta con los ocho intercambios realizados en los últimos años. / PERU URRESTI
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Como en casa, pero lejos de casa. Así planificaron, en 1953, sus vacaciones veraniegas dos maestros, uno holandés y otro suizo. No se les ocurrió otra idea que sacar mejor partido a sus largos periodos de descanso que intercambiar sus viviendas. Creyeron que era la forma más económica de conocer mundo cuando viajar era entonces un lujo sólo al alcance de unos pocos privilegiados.

Cincuenta y tres años después, Fermín Porras y Visi Bóveda, dos profesores de Secundaria de Gorliz, ya tienen decididas sus próximas vacaciones de verano. Destino: Suiza. Medio de transporte: la misma furgoneta con la que se han recorrido media Europa. Noruega, Finlandia, Austria, Holanda, Alemania... ¿Coste?: 125 euros, incluido alojamiento.

Sí. Han leído bien. Es lo que les cuesta colgar en Internet las imágenes de su vivienda en el portal www.intervac.com, agencia especializada en la organización de viajes mediante el trueque de casas con otras familias españolas y extranjeras. La oferta de esta compañía barcelonesa, líder mundial del sector, incluye inmuebles de más de cincuenta países: Roma, Nueva York, San Francisco, Honolulú...

En cuanto terminen las clases en junio, estos docentes de Religión y Matemáticas prepararán las maletas y se tirarán a la bartola sin echar el pestillo a la puerta de su casa. «Sale mucho más barato el viaje y lo aprovechas mejor. Conoces al dedillo los pueblos que visitas, porque te los pateas y te relacionas con la gente. Cuando fuimos a Noruega, parábamos en los fiordos que nos apetecían. En una excursión organizada, por mucho que a uno le guste un lugar, si el autobús sigue adelante, tú no puedes apearte».

Esta fórmula de viajes, a la que se han apuntado casi un centenar de familias vascas, también despertó al principio en este matrimonio los lógicos recelos, por aquello de a saber en qué manos dejarían su casa. Pero las dudas se diluyeron rápidamente. «A todos nos puede extrañar alojarnos en pisos de otros, pero ellos también nos dejan los suyos. Y jamás nos hemos encontrado a la vuelta con una pared manchada», explica Visi.

Los palos de golf y cañas

Porque cuando uno llega a su destino encuentra la casa igual que si la ocupasen sus propietarios: el mismo sofá, la misma vajilla, la misma lavadora y frigorífico... «Si lo desean, pueden solicitar ayuda a la asistenta habitual», asegura María Ángeles Sas, de Intervac. «Otras veces usan la bicicleta, las cañas de pescar, los palos de golf y hasta el coche», explica la portavoz de www.intercambiodecasa.org

Visi regresó encantada de Austria: «¿Qué cedés más bonitos tenía aquella familia!», dice. Con menos experiencia que el matrimonio de Gorliz, pero igual de gratificante, Llum Saumell -una joven periodista catalana afincada en el barrio bilbaíno de San Ignacio- y su pareja han pasado los dos últimos veranos en Gotte di Castro, una pequeña localidad situada a cien kilómetros de Roma, y Arnhem, un idílico paraje holandés rodeado de bosques y lagos. En ambos cuentan que se sintieron «como en casa».

Los propietarios de este último lugar sólo les pusieron una condición: «Que no utilizásemos la vajilla inglesa que tenían para comer. Nos dejaron escrita un nota recordándonos que aquellos platos se reservaban para Navidad». Alejados de las tradicionales rutas turísticas, en Arnhem Llum y Raúl, y sus amigos Puri y Carlos, eran conocidos al poco de llegar. «Era una zona residencial y todo el barrio sabía que la casa estaba ocupada por extranjeros. Es cuando te das cuenta de las diferencia culturales de cada país», subraya Llum.

Y de la amabilidad. A los inquilinos siempre «les dejamos algo para que hagan la primera comida o cena. Les solemos preparar un pastel de arroz». En Holanda «nos dejaron en la nevera un pastel de nueces». Llum espera a ver qué sorpresa les deparará el próximo verano, quizá en Dublín.



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