La carne charolesa se ha abierto un importante hueco en las carnicerías del País Vasco. Al ser sabrosa, tierna, jugosa y tener «un hermoso color rojo» se ha convertido ya en uno de los platos más demandados por los consumidores. De hecho, este tipo de producto vacuno «no tiene problema alguno a la hora de conseguir el certificado de calidad Eusko Label. Apenas es rechazada», aseguró ayer Txema Fernández, coordinador de la federación de criadores de ganado charolés de Euskadi, quien participó en la tercera muestra vasca de esta peculiar raza, celebrada ayer en la plaza de toros de Orduña.
La federación se fundó hace cuatro años para «mejorar la genética del animal» y conseguir los mejores sementales que aumenten la calidad de la carne. La agrupación la componen 35 explotaciones -12 en Álava, 15 en Guipúzcoa y 8 en Vizcaya-. «Garantizamos que no existan problemas en los partos para que los terneros tengan un buen desarrollo y luego produzcan muchos kilos», explicó Fernández.
La raza charolesa mostró su buen estado de salud en Orduña. En el certamen participaron diez productores que exhibieron sesenta cabezas. De ellas, 34 eran vizcaínas; 16, guipuzcoanas y 10, alavesas.
Estas vacas «de renombre internacional» son originarias de Francia, se adaptan «sin problemas» a cualquier tipo de terreno o clima y no producen leche. «Siempre cumplen su función de animal de abasto; por eso han tenido en Euskadi tan buena aceptación», argumentó Fernández.
La principal seña de identidad de este ganado es su piel de color crema, sin una sola mancha. La federación pretende que los consumidores puedan apreciar la calidad de la carne en los puntos de venta. «La gente se da cuenta al cocinarlas y ahí es tarde», aseguraron miembros del colectivo. «Para disfrutar de una carne en condiciones óptimas, el nivel de grasa debe ser muy bajo. El animal tiene que alimentarse con el mínimo de pienso o hierba», explicaron.
Los premios, para Orduña
Un jurado francés fue el encargado de valorar ayer la mejor hembra, el mejor macho y el mejor producto de inseminación, teniendo en cuenta la morfología, la musculatura y los andares del ganado. En el caso de las vacas también contó la distribución ósea, que está relacionada con la fecundidad.
Los tres galardones recayeron por segundo año consecutivo en la explotación de Rosa María Rodrigo, de Orduña. Ella y su esposo Eusebio Aguirre llevan más de veinticinco años criando la raza charolesa. «Ganar es un reconocimiento al trabajo y al esfuerzo de toda una vida», declaró Aguirre, entusiasmado. Además, María Teresa Monasterio, de Abadiño, obtuvo el premio a la mejor ganadería en conjunto.