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Domingo, 30 de abril de 2006
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VIZCAYA
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Un yanqui en el Txorierri
Un joven, vecino de Zamudio, conserva un histórico autobús del ejército americano y lo airea con indisimulado orgullo por las carreteras vizcaínas
Un yanqui en el Txorierri
ROJO 'FERRARI'. El autobús de Aitor Herraiz, aparcado al lado del Parque Tecnológico de Zamudio, es una tentación . / FOTOS: L. A. GÓMEZ
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Pesa cinco toneladas y no es ningún elefante. Aunque bien visto, es un buen mastodonte. Y su dueño también le pasa la mano por encima y lo cuida como a un niño. O casi. Porque no le tiene que hacer la comida, aunque sí consume: «veinticinco litros a los cien», confiesa el orgulloso padre.

Es un autobús. Pero no uno cualquiera. Para Aitor Herraiz, un vecino de Zamudio, es «el» autobús. Ambos, además, tienen la misma edad: 35 años. «En Euskadi no habrá más de tres como éste. Y son de empresas que los usan para temas publicitarios», asegura mientras lo mira con devoción. El suyo es de uso privado. Llama la atención. Y no sólo por su color, rojo oscuro, o porque esté aparcado al lado de la carretera. La llama por su parecido.

-Es como el de los Simpson, pero en granate, ¿no?

-Bueno, antes también era amarillo. Y sí, en realidad, este tipo de vehículos se usaban y se usan para transportar niños... Por su seguridad. Aunque éste... perteneció al Ejército de EE UU (una pegatina concreta más: Wisconsin).

-¿Y funciona?

-Claro. ¿Escucha!

Herraiz no se lo piensa dos veces. Se acerca al vehículo y le abre los dos capós. Empuja la puerta hidráulica. Se acomoda en el asiento del conductor, enciende la radio, aprieta un botón y el 'International Loadster 1600', que lleva con él catorce años, se sacude el polvo. «Lo arranco de vez en cuando y, a veces, doy una vuelta. Hoy hace veinte días desde la última vez».

El autocar tiene nueve espaciosas plazas y todos los papeles en regla. Aunque desde 2003, fecha en que pasó su última ITV, no ha salido a la autopista. «Quiero llevarlo a Jerez, con la cuadrilla, pero es un viaje muy largo». No tanto por los mil kilómetros que separan Bilbao de la ciudad gaditana, sino porque el autobús «no supera los 90 kilómetros a la hora», reconoce el amo de esta joya, que ha estado en Montmeló y en Finlandia.

Se hizo con ella en 1992. «Era de un amiguete que tenía una asociación y me lo vendió». Herraiz no revela por cuánto -«algo así no tiene precio», dice-, pero sí que «jamás lo venderé». Tiene mejores planes: «Hacer de él una especie de caravana y recorrer la costa con mi hija, June, y con mi mujer, Arantxa».

De ideas fijas

Y cuando este hombre se propone algo, lo consigue. De hecho, si el 'International' anda es porque las manos de Herraiz se mancharon de aceite y de grasa. Los motores le apasionan desde que era pequeño. «A mí, mi padre tenía que esconderme las llaves para que no le cogiera el coche», confiesa.

Aun así, aprendió a conducir pronto. Quizá demasiado. «Con once años, ya ayudaba a mi madre en la huerta: le llevaba abono en una camioneta vieja». Y esa tierra hoy está justo frente a su autobús, aunque ya no tiene tomates y se llama parque tecnológico.



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