 FALTA. El centrocampista Juanito enreda con su pierna a Mista en un lance del duelo de Mestalla. / IOSU ONANDIA |
|
Imprimir Enviar |
|
| LA FICHA |
3-0 Alavés: Costanzo; Edu Alonso, Gaspar, Sarriegi, Coromina; Carpintero, Astudillo (Juanito, m.69); Blago (Bodipo, m. 46), De Lucas (Jandro, m. 57), Mena; y Nene.
Los goles
1-0, m. 23: Baraja recibe un centro de Aimar en el área, lo baja con el pecho y marca a placer.
2-0, m. 32: Error de Gaspar, que deja el balón a Moretti para que profundice y centre atrás. Aimar sólo tiene que empujar la pelota a la red.
3-0, m. 49: Villa, de penalti.
Árbitro
Velasco Carballo. Flojo. Amonestó a Edú, Mista y Ayala por el Valencia.
Incidencias
Alrededor de 35.000 espectadores en Mestalla.
La estadística
Valencia Alavés
TIROS A PUERTA 7/16 4/10
PARADAS DEL PORTERO 4 4
LLEGADAS AL ÁREA 6 1
CENTROS AL ÁREA 29 27
SAQUES DE ESQUINA 2 4
FUERAS DE JUEGO 6 2
BALONES RECUPERADOS 67 63
BALONES PERDIDOS 90 91
FALTAS COMETIDAS 23 9
PENALTIS 1 0
TARJETAS AMARILLAS 3 0
ASISTENCIAS DE GOL 2 0 |
|
|
|
|
|

|
Superado en orden, agresividad y juego, los tres pilares básicos que sostienen el edificio futbolístico, el Alavés agudizó ayer un deterioro que es al menos tan preocupante como su situación clasificatoria. Después de perpetrar ante el Atlético de Madrid uno de esos partidos que hielan el corazón del aficionado, se presentaba en Mestalla aferrado a la esperanza. Con la idea de reconstruir su imagen y después, ante la evidente superioridad del Valencia, encomendarse a una de esas tardes mágicas donde el azar toma partido y se apiada del necesitado. Claro que al equipo albiazul se le olvidó poner de su parte el mínimo que exige este tipo de representación. Apenas le alcanzó más bien para extender la alfombra de las concesiones a un adversario que atravesó el césped con zapatos de charol y acabó sin mancha.
En una tarde donde el foco del interés nacional alumbraba al Alavés por si era capaz de acelerar el título al Barcelona, la escuara vitoriana se marcó otro de esos partidos que sólo transmiten desasosiego. Físicamente abrumado ante la intensidad del rival y futbolísticamente sin peso en ninguna de las dos áreas, se rindió sin estridencias, con la resignación del condenado. Cayó un gol, otro después y un tercero tras la reanudación. Igual que pudieron ser cuatro, cinco o seis si la maquinaria valencianista no hubiese levantado el pie para evitar un recalentamiento de su motor.
Blago y Mena
El día después de la enésima salida de tono de Dmitry Piterman horas antes de disputarse un duelo trascendental, el 'alineador' alavesista buscó oxígeno con una remodelación completa del ataque. La entrada de Mena sugería buenos propósitos, la de Blago -un futbolista hasta ahora menor-, era menos comprensible. Con Quique De Lucas como enlace y Nene en punta. Se trataba, a priori, de buscar más trabajo por las bandas y mayor dinamismo en un ataque que languicede en esta parte de la temporada. También apuntó el experimento hacia un castigo a Bodipo. La fórmula nunca resultó porque cuando este Alavés trata de tapar vías de agua en cubierta le aparecen grietas en el casco.
Sin mucho más que presión y gran disputa en los balones divididos, el Valencia se dedicaba ya a coleccionar oportunidades. Con Villa, generador de juego además de Pichichi nacional, como pesadilla. Y el Alavés, que de tanto intenar combinar sin ser capaz de concluir las jugadas, permitía las oleadas locales. Pero, lo que aún peor, cedía ocasiones y goles en las situaciones más rocambolescas. Como el primero, después de que la zaga saliese sin orden ninguno al fuera de juego, o en el segundo, cuando un error de Gaspar dejó a Moretti en la cocina alavesista y al recuperado Aimar como 'chef'.
Relajación local
Era ya cuestión de remar a contracorriente ante un Valencia que, además, se encuentra en este final de campaña un punto por encima de cualquier equipo, que son varios respecto al Alavés. El colmo del despropósito lo firmó Mena con un penalti absurdo en el inicio de la segunda mitad que acabó con cualquier discusión.
Ni la entrada de Bodipo tras el descanso ni la posterior de Jandro alteraron el ritmo. Se jugó en todo momento al dictado de un adversario que comenzaba a remolonear. Desprendido de la pelota, el Valencia no dejó de controlar el partido. Con tiempo para volver a ver sobre el césped a Edú, notable en el control y la pausa, y al díscolo Kluivert, que no acertó con la portería de Costanzo en una llegada muy clara.
Era ya el Alavés un conjunto que trataba de llegar al vestuario sin más heridas. Tan lejos de meterse verdaderamente en el partido como lo ha estado en el último mes y medio de encontrar un verdadero equilibrio. Aquel equipo con 'chispa' y determinación del inicio de la segunda vuelta es apenas un recuerdo, después de la racanería que le llevó a buscar repetidos empates sin goles y, en los dos últimos partidos, la desintegración futbolística que se antoja muy complicado revertir a la hora de la verdad.
Entre su alarmante flojera y la evidencia de que los adversarios directos han cumplido esta jornada con su tarea, al Alavés apenas le queda ya el recurso de refugiarse en las matemáticas y en la proximidad de la jornada que se disputa el miércoles para eludir la sombra de la Segunda División. Tan cierto es que existen opciones reales de enjugar la distancia en las tres últimas jornadas como que el equipo albiazul apunta a una liquidación por derribo.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com