Una vez más, el Lagun Aro volvió a desaprovechar otra oportunidad ante un rival directo en la lucha por evitar el descenso. La derrota de ayer en Manresa prolonga la nefasta racha de los bilbaínos y nos lleva a un final de Liga de infarto.
TENSIÓN
Los dos equipos eran ayer conscientes de la importancia del partido y el resultado final es fiel reflejo de la tensión que se vivió. Las bajas anotaciones fueron fruto del exceso de responsabilidad más que de unas grandes defensas. El Lagun Aro tuvo su momento pero no supo aprovecharlo y dejó los deberes para el final. El último cuarto comenzó con el marcador igualado y los nervios atenazaron a los bilbaínos que no supieron seleccionar correctamente sus tiros. Tampoco los locales estuvieron sobrados de confianza, pero tuvieron un punto más de sangre fría.
DETALLES
En este tipo de finales, un par de detalles pueden ser decisivos. Ayer el base local Oliver protagonizó las dos jugadas que decidieron el choque. Primero capturó un rebote ofensivo que supuso un tiro demasiado cómodo de White y después anotó canasta y tiro adicional que puso a su equipo seis puntos arriba a falta de un minuto. Los dos protagonistas de estas jugadas fueron los mejores de su equipo con especial protagonismo del norteamericano. Tras anotar sólo dos puntos en los primeros veinte minutos, en la segunda parte lideró a un Manresa que le buscó insistentemente. Su acierto fue fundamental y la buena defensa que se le hizo en la primera parte desapareció en los momentos decisivos.
FINAL
La derrota convierte la próxima cita en La Casilla ante el colista en un partido dramático. Ya no caben más errores. Se han desaprovechado muchas oportunidades y volver a hacerlo es una opción que no se puede contemplar. El equipo debe ser consciente de lo que está en juego y poner toda la intensidad necesaria para evitar una derrota que pondría este proyecto en serios apuros, si es que no lo está ya.