 «GRACIAS». Eso debió decirle Bermúdez a Carreño al final del partido de ayer; lo falló todo. |
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| LAS CLAVES LA FICHA |
Buen inicio local
El Logroñés CF tocó arrebato durante el primer cuarto de hora. Dominó a un Huesca narcotizado. El premio fue el tanto del triunfo.
Setenta minutos de defensa
Tras el gol, los jugadores locales se retrasaron quince metros y el técnico lo permitió. El equipo no pasó del centro del campo. Un horror.
La falta de pegada visitante
La jugada le salió bien al Logroñés CF por la falta de pegada de los visitantes. El Huesca lo hizo todo bien menor el remate a puerta. 1-0 Alineaciones
Logroñés: Bermúdez; Manu Arias, Sergio Gámiz, Amoedo, Gaizka Iriarte; Del Puente, Pitu, Lolo, Adri (Abasolo, m. 79); Nacho Castro (Ibarra, m. 57); y Goiria.
Huesca: Pociello; Moya, Negredo, Azpilikueta, Larrainzar; Guerrero, Rodríguez, Lombán (Quino, m. 74), Bermejo (Sestelo, m. 63), Larios; y Carreño.
Goles
1-0. Manu Arias (minuto 23) remata de cabeza sin oposición un preciso saque de falta de Gaizka Iriarte desde la banda derecha.
Árbitro
Estrada Fernández, del comité catalán, dirigió el encuentro. Amonestó al jugador local Ibarra (m. 84); y al visitante Larrainzar (m. 62). |
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El vestuario del Logroñés CF era ayer la imagen de la felicidad. El equipo había ganado a un rival directo, suma tres puntos más en su casillero, sale de los puestos de descenso directo gracias a las dos últimas victorias consecutivas, y para colmo de bienes encima hoy es fiesta. No se puede pedir más. Pero lo que sucedió ayer en Las Gaunas debe ser motivo de reflexión. El conjunto rojiblanco ha completado pésimas actuaciones en Las Gaunas; pero la de ayer fue una de las peores. Y es mucho decir teniendo en cuenta la trayectoria de esta temporada. Pero paradójicamente el Logroñés CF ayer ganó.
El fútbol de trinchera suele ser un buen recurso en momentos puntuales cuando los partidos agonizan y el resultado hay que defenderlo por lo civil y hasta por lo militar. Pero fomentar el atrincheramiento defensivo desde el minuto 23, justo después de que el conjunto local se adelantara en el marcador con el gol de cabeza de Manu Arias, es un pecado cuando se actúa de local y a más de un entrenador le avergonzaría.
Pero este equipo ya ha demostrado que no tiene vergüenza torera. No ha sentido tal cosa cuando perdía sin apenas mostrar interés, y no lo va a hacer ni mucho menos ahora cuando el resultado es tan bueno como el de ayer. Porque nadie puede negar que la primera obligación de los riojanos era ganar. Y este punto lo cumplieron a la perfección.
Sin embargo en los encuentros se crean situaciones a veces incomprensibles. El Logroñés CF saltó al terreno de juego extramotivado. Preparado para la guerra de un partido que se presumía duro, rocoso, ante un Huesca demasiado similar a los locales. Y en el arranque, el comportamiento de los locales llegó hasta impresionar a la grada. El equipo se estaba mostrando superior al equipo que tenía enfrente. Ni los más viejos del lugar recordaban un hecho semejante. Pero los más resabiados de la grada se imaginaban que alguna sorpresa desagradable estaba por llegar. Y no les faltó razón.
En este primer cuarto de hora el Logroñés CF se mostró con la disciplina más marcial y por momentos arrolló a un Huesca atemorizado por el escenario en el que se estaba planteando la batalla. Sin llegar a ser sensacional, el juego de los locales al menos tenía continuidad. Y pronto un obús dio en la diana pasados los primeros veinte minutos. Gaizka Iriarte sacó una falta al punto de penalti, y Manu Arias puso la cabeza para enviarlo a la red. Sencillo, pero efectivo.
Los más difícil estaba hecho. El Logroñés CF había ganado las líneas enemigas y comenzaba a cobrarse las recompensas. Era el momento de seguir hacia delante sin mirar con excesivo temor hacia atrás. Pero aquí el conjunto local flaqueó. Decidió que lo mejor era retrasarse quince metros para invertir los tesoros adquiridos. Y la estrategia fue atroz, aunque no se puede calificar de penosa porque los locales finalmente ganaron la batalla.
Ni guerra de guerrillas
Pero ésta estuvo condicionada por la falta de poder ofensivo en el bando contrario. Miguel Sola puso a sus hombres de avanzadilla al borde del área del Logroñés CF, y el resto del equipo les secundó por detrás. El resultado fue un dominio absoluto con dosis de buen juego combinativo durante los setenta minutos restantes.
Cualquier buen general hubiera aprovechado esta circunstancia para acabar con el rival con una guerra de guerrillas en contragolpes. Pero el Logroñés CF no estaba interesado en mirar a la portería contraria. No cree en sus opciones de poder hacer gol con facilidad y prefiere evitarse esfuerzos innecesarios en ataque para centrarlos en defensa. Por lo tanto, el resto del encuentro se jugó en el campo de los riojanos. El sonrojo por el atrincheramiento fue inevitable y no se convirtió en llanto porque el Huesca falló en el fusilamiento.