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Martes, 2 de mayo de 2006
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DEPORTES
ANÁLISIS
Praga
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ARROLLADOS. Durante el descanso del TAU-Maccabi intenté imaginarme cómo se sentirían en esos momentos los jugadores vitorianos. Habían llegado a Praga muy bien armados, después de un comportamiento ejemplar durante toda la temporada y con el reciente exitazo en Atenas todavía presente. Les había correspondido enfrentarse a un Maccabi que todos los 'listos' que nos dedicamos a escribir sobre baloncesto habíamos pronosticado que había bajado un peldaño en su poderío, si lo comparamos con el que en los dos últimos años había arrollado en Europa. Se presumía un partido igualado, tenso, vibrante y que seguramente se resolvería en los últimos instantes. Pero habían pasado veinte minutos y casi sin decir ni pío les habían dado un repaso de primera. Aquello no estaba en el guión, ni siquiera en el del más entusiasta forofo israelí. Encontrarte de golpe y porrazo en una situación así resulta criminal. No ya por verte muchos puntos por debajo, sino por el calvario psicológico que supone enfrentarte con un escenario inhabitual e inesperado. Incluso para un equipo como el TAU, que ha dado muchos ejemplos de dureza mental, resultó demasiado. El Maccabi había demostrado demasiadas cosas. Que tenía el partido perfectamente preparado, que sabía donde tenía que poner el acento, que a Prigioni no le iban a dejar ni respirar con todo lo que esto supone para el TAU y que a su habitual facilidad anotadora le habían añadido una intensidad defensiva extraordinaria en la que se habían perdido Scola y compañía. Los equipos emiten mensajes, y el recibido por el equipo vitoriano en el primer tiempo era tan evidente como un puzzle de dos piezas. Se pusiese como se pusiese el TAU, no tenía ninguna opción. Por si acaso, ya que a veces el tiempo de descanso puede alimentar esperanzas, se aplicaron en los primeros minutos de la continuación hasta terminar el debate en un tiempo récord. Un castigo excesivo si analizamos globalmente la competición, pero entendible cuando un equipo alcanza en el momento justo esa conjunción estelar donde todo funciona a las mil maravillas. La mala suerte fue que lo hicieron el día en el que el TAU estaba enfrente.

¿ROBADOS? El Barça, en cuestiones de resultado final, corrió igual suerte. Pero si lo del TAU fue incuestionable, los azulgranas llevan desde el pitido final echando la culpa a los árbitros de su suerte. Es verdad que el arbitraje fue malo, y que seguramente perjudicó en algunos momentos al equipo de Ivanovic, pero qué quieren que les diga, me parece que si no llegaron a la final hubo razones de más peso que oscuras tramas. A diferencia del Maccabi, que no dejó que el TAU viese en ningún momento la luz al final del túnel, el Barça desaprovechó los muchos minutos en los que el CSKA estuvo perdido. La dirección en cancha fue mala por no decir pésima, encabezada por ese tirador al que le hacen jugar de base y que se llama Williams. Primero juega para él y luego para el equipo. Eso, que nunca es recomendable, si estamos hablando del base se convierte en un problema de primer orden, pues es el responsable primero de alimentar el juego y las opciones de sus compañeros. No lo hizo nunca, lo que terminó por sacar del partido a casi todos. Igual hasta se fue satisfecho al hotel por su actuación y anotación, 24 puntos, pero creo sinceramente que fueron los 24 puntos más contraproducentes de los últimos tiempos. Lo mismo de desaconsejable que si el Barça insiste en centrar sus miradas en lo mal que lo hicieron los árbitros en lugar de lo mal que lo hicieron ellos. Por cierto, la Euroliga la ganó el CSKA. Pero después de lo ocurrido el viernes, a quién le importa.



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