A pesar del paso de los años y del cambio de costumbres, los mirandeses siguen siendo muy clásicos a la hora de vestir a sus niñas en la Primera Comunión. «La tendencia de la niña siempre es la fantasía del traje de princesa, pero a la madre le gusta mucho más el clásico de esta zona norte: organdí, lorcitas y cuello bebé, que es por el que finalmente optan», señala Marian Boto, dueña de una tienda especializada en Ramón y Cajal.
Precisamente esta tendencia contrasta con la del resto de España. «De hecho, cuando vamos a ferias fuera se sorprenden de que nos siga gustando este tipo de trajes clásicos», asegura.
Pero la elección del vestido también depende en gran medida de las creencias religiosas de los padres. «Si son practicantes la niña suele ir muy clásica, si no lo son, es más habitual que vistan con fantasía».
En su opinión, el gasto de estos trajes «normalmente pagados por las abuelas» está justificado «porque para la niña el vestido lo representa todo ese día» pero advierte de que hay que aconsejar a las madres «porque a veces las niñas con tanta peluquería y fantasía parecen novias. Cuanto más sencillas, más guapas van», zanja.