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Martes, 2 de mayo de 2006
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Vuelve el hombre
Marian Salzman, la publicista que hace dos años popularizó al metrosexual, pasa página y presenta en su último libro al tipo que pide paso: el ubersexual
Vuelve el hombre
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¿UBER O METRO?
Salzman ofrece seis pistas para diferenciar a un metro de un uber.

El ubersexual es un apasionado con ciertas causas y sigue sus principios. El metrosexual es un apasionado consigo mismo.

El uber dedica más tiempo a su mente que a su pelo. El metro, en cambio, dedica la mayoría del tiempo a arreglar su cabello.

El uber considera a otros hombres como sus mejores amigos. El metro prefiere tener amigas.

El uber es muy sensual y es consciente de su atractivo sin necesidad de que nadie se lo diga. El metro necesita oír de la gente lo maravilloso que está: le gusta lucir palmito por donde va, para él mismo y para los demás.

El uber obtiene sus ideas y pensamientos de los viajes, del arte y de la cultura en general. Para el metro no hay mejor filosofía que la proclamada por los gurús del diseño.

El uber conoce la diferencia entre el derecho y la injusticia, y tomará la decisión correcta independientemente de lo que los otros puedan pensar. El metro conoce a la perfección la diferencia entre la crema hidratante y el exfoliante, y sus máximas preocupaciones girarán en torno a qué marca elegir.

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¿Qué tienen en común George Clooney, Bill Clinton, Donald Trump, Arnold Scharzenegger y Pierce Brosnan? En efecto, están forrados. Y además, son 'ubersexuales', la última invención de Marian Salzman, vicepresidenta de la agencia de publicidad JWT, que hace dos años hizo famoso al hombre 'metrosexual', creado por el escritor inglés Mark Simpson en los años 90 y al que ahora pretende enterrar en su último libro, 'The Future of Men' (El futuro de los hombres).

Los guapitos de cara, siempre preocupados por la moda, tienen los días contados. Lo que se impone es el 'uber'. El hombre de verdad, con unos sólidos principios y un grupo de amigos formado exclusivamente por 'tíos', pero capaz de tratar a la mujer como a un igual. Aunque Simpson no está tan seguro de que haya llegado el relevo: «Quizá los rumores sobre la muerte de mi criatura (el metrosexual) se están exagerando por parte de la señora que lo raptó hace dos años, y que supongo que tiene un nuevo libro que vender», afirma, mordaz, en una autoentrevista publicada en su página web (www.marksimpson.com).

Uber, que en alemán significa 'superlativo', 'el mejor', es un macho que dedica más tiempo a ordenar sus ideas que su pelo. Él no necesita que otras personas le digan que es atractivo; lo sabe. «Un ubersexual conoce la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. El metrosexual sólo distingue entre la crema hidratante y el exfoliante», resume Salzman. El máximo icono de la nueva tendencia es Bono. Un hombre de mundo, involucrado en los problemas sociales y que regularmente suena en las quinielas para el Premio Nobel de la Paz. «Es el comandante en jefe de una legión de fans entregados a su música y a sus obras benéficas», dice Salzman. El vocalista de la banda irlandesa U2 personaliza, según ella, las principales características del ubersexual. Un sambenito difícil de llevar, ya que Bono ha reconocido que sus discursos de contenido social en los conciertos han estado a punto de costarle la expulsión de la banda. Sus compañeros tenían miedo de que aburriera a los asistentes. «Pero un ubersexual hace lo correcto sin importarle lo que piensen los demás», sentencia Salzman.

Invento publicitario

Sin embargo, Stephen Whitehead, sociólogo de la Universidad de Keele (Inglaterra) y autor de 'Many faces of men' (las muchas caras de los hombres), opina que «los metro y ubersexuales no son una tipología real». Para él, son términos inventados por los publicistas para vender más y llegar a grupos sociales que de otra forma serían inalcanzables. «En los campos de fútbol del norte de Inglaterra ahora se anuncian cosméticos masculinos ¿te lo imaginas? Una de las regiones más rudas del planeta, abierta a las cremas. Hace años sería impensable», argumenta.

Aunque todos los hombres nacen iguales, Whitehead ha identificado una fauna masculina de los más variada. En su libro describe 27 tipos diferentes. «Por el tono en el que está escrito, no es una obra académica, pero el libro es el resultado de 15 años de investigación. Es una guía de autoayuda para que las mujeres sepan más de sus parejas», comenta. Whitehead propone modelos como Aquiles, el héroe imperfecto (Bill Clinton); el 'Cool Poser', un presumido que viste a la última (David Beckham); y el 'Wallflower', el hombre florero (busque usted un ejemplo).

«La mujer se ha emancipado y los hombres hemos reaccionado de cuatro formas diferentes. En el fondo, las 27 tipologías entran en alguno de los cuatro modelos», alecciona Whitehead. «Hay hombres que se resisten a cambiar y aceptar la igualdad de sexos. Es el caso del 'Alpha Man'», un tiburón obsesionado con el éxito. Frente a ellos están los que dan la bienvenida al nuevo equilibrio de fuerzas. «El tipo que mejor define este modelo es el de los 'Backpacker'», fieros amantes que no se frenan ante mujeres liberadas, pero que resultan tipos indomables. Siempre tienen su atillo preparado por si una chica les quieren echar el lazo. El sociólogo completa el abanico con dos modelos intermedios: el que se retira asustado ante la nueva mujer dominante y el que sencillamente niega la igualdad con la mujer. «Su máximo exponente es el 'Neanderthal'», resume el sociólogo.

'Ositos' y rotweilers

Con el tiempo, el hombre puede variar. Un 'Teddy Bear' (osito de peluche) puede evolucionar hacia un 'Sigmund', un tío tranquilo, pero algo más activo sexualmente. «La globalización y el contacto con otras culturas han impuesto que algunas posiciones intransigentes se muevan», opina el sociólogo. Así, un 'Rotweiler', aquel que presume de macho con sus amigotes y se ofusca si una mujer le lleva la contraria o le vence, puede terminar adecuándose al tipo 'Wayne'. Éste toma su nombre del más duro vaquero del Oeste. En las películas se enfrentaba a los indios y bandidos, pero siempre protegía a las mujeres.

Lo imposible, para Whitehead, es pretender ser lo que no se es. «No conseguirás engañar a nadie durante mucho tiempo. Las mujeres son capaces de ver a través de nosotros. A fin de cuentas, ellas son las mayores especialistas en hombres».



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