Sergio Muñiz se ha metido al público italiano en el bolsillo, donde se gana la vida como actor. Antes triunfó como modelo y en el concurso televisivo 'La isla de los famosos'. «Pero yo empecé de frutero», afirma orgulloso.
-¿El hijo del frutero de Galdakao!
-Empecé a ir a Mercabilbao a los 16 ó 18 años con mi padre, que tenía un camión. A las cuatro de la mañana se levantaba uno, cargaba las cajas vacías... Repartíamos en tiendas, colegios... Y, luego, volvíamos a nuestra frutería, 'Mariví'.
-¿Un trabajo duro!
-Pero, al ser lo primero que hacía, era lo normal.
-¿Todo por el negocio familiar!
-Luego, se acabó. Mis dos hermanos son camioneros y mis padres ya se han retirado.
-Usted triunfó por su cara.
-Me decían en Mercabilbao: '¿Sí, ya, te van a dar dinero a ti por tu cara bonita! Ja, ja. Majo, te lo vas a tener que currar en la vida'. Un cliente que organizaba desfiles me vio posibilidades por alto y guapo.
-Y se lo creyó.
-Yo me lo tomaba a broma. Era frutero y no me entraba lo de ser modelo. Cuando hice un trabajo y gané en un día lo mismo que me pagaba mi padre por levantarme todo el mes a las cuatro de la mañana y cargar no sé cuántas toneladas, terminé de convencerme. Con lo que saqué vendiéndole la moto a mi hermano, me fui a Milán.
-¿De chico fashion?
-Más que de modelo, trabajé de todo: barman, relaciones públicas, bailé hasta de gogó en la discotecas, que las odio. ¿Todo por sobrevivir!
-Y llegaron las firmas: Etro, Calvin Klein...
-Desfilé mucho para Armani, Ferré...
-¿Los guapos lo tienen más fácil?
-Depende de lo que quieras hacer. La belleza ayuda; sin duda. Vivimos en un mundo que sobrevalora la estética. El problema es que muchas veces te consideran un simple guapo y no se paran a pensar que podrías ser bueno para otras cosas, como actor.
-Modelos y guapos hay a patadas.
-¿Todos los que quieras y más! -¿Es más difícil moverse en la pasarela que fuera de ella?
-Depende. En las pasarelas, los hombres caminan como les da la gana. Hay cursos de perfeccionamiento, pero no sirven para nada.
-El diseñador Rocco Barocco cree que usted personifica el estilo de Jim Morrison.
-Ja, ja. Digamos que no me drogo tanto. ¿Nooo! Ya me gustaría cantar como él y tener su fashion.
-¿Cómo le sienta a su cuerpo acaparar tantas portadas?
-Mucha gente se vuelve loca. Yo siempre he amado las cosas simples. Ahora tardo media hora en comprar unas naranjas cuando antes no me llevaba más de 5 minutos. Entre que me paran, sonrío y hablo, me hacen una fotito...
-Normal. Ha sido hasta un 'chico calendario'.
-He hecho muchas cosas extrañas que no quería hacer, y ésta es una de ellas. En el fondo, casi te obligan.
-¿Por qué?
-El problema es que cuando te encuentras arrollado por esta fama y la moda... Te dicen que esto es bueno para no sé qué. Te comen el tarro y como eres nuevo...
-¿Acapara miradas de mujeres u hombres?
-¿De todos! Al lado de mi casa hay un colegio. Cuando las madres van a buscar a los niños, mandan a sus hijos detrás de mí. Como modelo nadie me reconocía, pero al salir por la tele no pude hacer ya cosas normales.
-¿La moda dejó de interesarle?
-Triunfar en 'La isla de los famosos' me dio la posibilidad de hacer lo que quería.
-Intervino en 'La dama de las camelias' junto a Francesca Neri y ahora en 'Los Borgia'.
-Llevo dos años haciendo teatro y diciendo que no a muchísimas cosas porque ahora mismo no tengo ganas de hacer televisión basura. ¿Que antes o después igual me toca? Pues vale, bien.
-Ganó en 'La isla de los famosos' al actor que hizo de Sandokán y al jugador Schillachi. ¿No le dio pudor?
-Dije que no las tres primeras veces que me lo propusieron. '¿Estáis locos?', pregunté. Es verdad que ya no puedes volver a tu vieja vida.
-¿La vida de muchos famosos se parece cada vez más a los 'reality'?
-Es lo que trato de evitar. No soporto la televisión basura.
-Muchas pensarán que se está aprovechando de eso mismo.
-Estudio para hacer las cosas bien. La televisión sacrifica el arte del actor por las velocidades a las que hay que rodar.
-¿La suerte se vende?
-No. Me preparo porque hacer algo mal te puede marcar el resto de la carrera.