La Diputación abrirá en octubre, con varios meses de retraso, su primer centro de acogida exclusivo para chicas con problemas de conducta. El servicio se ubicará en el caserío Madarias de Erandio, donde el rechazo vecinal obligó a desestimar otro proyecto educativo con menores conflictivos, tanto vizcaínos como inmigrantes. La crispación llegó a tal punto que un grupo de personas paralizó las obras de reforma del inmueble y el Departamento de Acción Social tuvo que cambiar de planes.
Un año después de aquella polémica, el caserío empezará a funcionar como un centro residencial con ocho plazas. Lo gestionará la asociación educativa Berriztu de Basauri, que firmó un convenio de colaboración con la institución foral el pasado mes de noviembre. La agrupación tiene experiencia en el trabajo con adolescentes que presentan conductas de riesgo, así como con sus familias.
La creación de un recurso específico para este colectivo se planteó bastante antes de la polémica de Madarias. La Diputación vio la necesidad de hacerlo ante el aumento de casos de chicas especialmente rebeldes, que participan en peleas y fugas y crean problemas de convivencia en sus propias familias o en los centros de menores. Una vez elegida la ubicación de Erandio, destinó 279.267 euros a la reforma del inmueble.
El proyecto se ha retrasado más de lo previsto. A la oposición vecinal se ha unido «la demora en la concesión de las licencias necesarias», según consta en un informe de Acción Social. Por ello, «ha resultado imposible» abrir el centro en la fecha prevista en el convenio firmado con Berriztu.
La institución foral «valora positivamente» el trabajo que realiza la entidad con adolescentes, por lo que ha actualizado los términos del acuerdo con vistas a la inauguración del servicio en octubre. Para sufragar la atención a las chicas ha destinado una partida de 646.517 euros, con un coste de 221 euros por plaza y día. Hasta el momento no ha anunciado una nueva ubicación para el centro de chavales conflictivos que no pudo instalar en Madarias.