El Correo Digital
Miércoles, 3 de mayo de 2006
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OPINIÓN
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Cuatro millones y pico
Si no supiéramos de dónde vienen, a buen seguro creeríamos que son revolucionarios. Aunque, bien mirado, no es fácil caer en el error. Basta con observar la fotografía y toparse con Zaplana y Acebes. El resto viene por añadidura. Son los de siempre y, a esta hora, con Rajoy al frente, no han cambiado. Por fortuna, vistos los rostros y el talante, no deben engañarnos los números. Las más de cuatro millones de firmas -equivalentes a 876 cajas metidas en 10 furgonetas- no son más que el producto de un discurso cargado de demagogia, populista, alarmista y, según dicta el sentido común, totalmente equivocado. No obstante, aún se intuye un elemento más pernicioso en tan rimbombante campaña a favor de un referéndum pro-unidad e indisolubilidad de España: la dialéctica del Apocalipsis. Es decir, el recurso al verbo catastrofista y profético en el que, de nuevo, la derecha española surge con ese toque mesiánico para salvar, como no puede ser de otro modo, la que consideran es su España, 'cañí' para más señas.

Y todo ello lo hacen a través de la manipulación de un concepto sagrado en democracia: la soberanía popular. Así, transforman sus 4.028.396 firmas en el paradigma de una representación absoluta a la que hay que atender bajo la amenaza de violar los principios más básicos de la democracia. Definitivamente, se convierten en los portavoces de una España en riesgo de fractura inminente que hay que salvar ahora mismo porque si no, dentro de quince años, no tendrá remedio. Para redondear la faena y salir de la plaza a hombros como futuros triunfadores electorales, hacen gala de su populismo y hablan de igualdad de derechos y obligaciones entre los españoles. Todo un cachondeo, por no decir que es una auténtica indecencia política. Aunque lo peor de semejante esperpento es que la derecha sigue empeñada en obviar la experiencia histórica de España. Es decir, la que enseña que cualquier recurso reivindicativo de la idea de nación española, como una, libre e indisoluble sólida roca de Occidente, está abocado no sólo al fracaso, sino a la configuración de un escenario en el que la propia derecha estaría escandalizada de contemplarse a sí misma.

De todas maneras, aún a estas horas, tras la puesta en escena de la entrega de la millonada de rúbricas, lo que de verdad sorprende es el enorme cinismo desplegado por quienes hoy se alzan demócratas defensores de la voluntad de los ciudadanos y ayer hacían oídos sordos ante el clamor de un 'No a la guerra' rotundo. ¿Qué curioso! Cómo se nos olvidan las cosas. Lo que hacen cuatro millones y pico de firmas.



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