Chris Hillman ha entrado en las enciclopedias del rock gracias a su militancia en el seno de The Byrds, pero en su currículo caben además los legendarios Flying Burrito Brothers o Manassas, responsables de la asimilación del country por los formatos pop y rock. Él se presenta así: «Tengo 61 años, he estado tocando y grabando música durante 44, y he editado 59 álbumes», responde desde Portugal, de camino a La Coruña, antes de una gira española que hoy recala en Bilbao (Kafe Antzokia, 22.00 horas, 18-20 euros). Y añade: «Volaré de vuelta a mi casa en California el 8 de mayo». Hillman vive ahora en San Buena Ventura, pequeña población a 180 kilómetros al norte de Los Ángeles.
Criado en una granja, su primera influencia musical fue el bluegrass blanco montañés que conoció vía The Kentucky Colonels, y su primer instrumento, la mandolina. «Hum... Mis influencias son viejos artistas country, de bluegrass y de folk, y viejos artistas de rock and roll».
Habitual de la escena vaquera californiana, Chris Hillman conoció fama y fortuna en The Byrds, grupo que unió la raíz de Dylan con la psicodelia de los Beatles, y que no hizo ascos a la droga. «No me gustaban las drogas, nunca me lo monté con ellas y desearía que nunca hubiesen irrumpido en nuestro mundo», declara.
Su último álbum es 'The Other Side' (DiscMedi), de country respetuoso tipo Dolly Parton o Steve Earle. «Es totalmente acústico y con muchos temas de gospel religioso. Estoy feliz con el resultado». Su religiosidad no se acota a su faceta artística. Hillman, preconizador de la tradición judeocristiana occidental, también vive feliz dando gracias a Dios. «Sí, yo admiro mi vida, mi familia y cada día que Dios me concede».
El repertorio del álbum es purista, con finas pinceladas de hillbilly y bluegrass. «Ya. Ésta es la música que comencé a tocar hace 44 años, y la que todavía amo».