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Miércoles, 3 de mayo de 2006
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CULTURA
CRÓNICA
Variada y distinguida
Variada y distinguida
LESIONADO. La voltereta propinada por el primer toro impidió a Liria torear a su segundo. / EFE
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GOYESCA EN MADRID
Las Ventas. Corrida extraordinaria del Día de la Comunidad. Encapotado, bochornoso, ventoso. Más de tres cuartos de plaza. Tras el percance de Liria Encabo mató cuarto y sexto. Robleño, el quinto.

Seis toros de Adolfo Martín. Variada de líneas, corrida en tipo. Para el segundo, ovacionado en el arrastre, se pidió la vuelta al ruedo.

Pepín Liria, saludos. Arrollado por el primero, pasó a la enfermería y ya no salió. Sufrió contusiones múltiples. Luis Miguel Encabo, pitos, división y silencio. Fernando Robleño, silencio y ovación.

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La primera de las tres corridas de Adolfo Martín previstas para esta temporada en Madrid fue muy variada, salió encastada y dio en la muleta tres toros muy distinguidos. Uno de ellos, el tercero, cinqueño, descolgó con muy notable suavidad por las dos manos. Un toro bravo de rara delicadeza. Los otros dos con embestidas de calidad, cuarto y quinto, rompieron muy a su manera. Los tres humillaron, se emplearon sin resistirse y duraron mucho y bien.

Los dos primeros le pusieron a la corrida la nota explosiva ni habitual ni rara en la ganadería. El primero, de carácter mutante, peleó con franqueza de salida y en el caballo, pero se puso en la muleta muy rebelde. El viento en rachas complicó el manejo. Pepín Liria, en un exceso de confianza, se descaró antes de tiempo. No le convino al toro, que empezó a pensárselo. En el segundo arreón, con la faena a punto de cumplir, a Pepín no le dio tiempo de esquivar el viaje. La embestida al bulto fue de vértigo y brutal. La paliza, tremenda. Liria volvió a la carga, sonó un aviso inclemente antes de cuadrar. Media, dos descabellos. Pero tanta seguridad en sí mismo pasó factura. Entró en la enfermería y ya no pudo salir.

La cogida de Pepín marcó no la corrida pero sí a Encabo, que saldó la prueba muy desangeladamente. No lo vio claro el torero de Alcalá de Henares. Lidió al segundo con más pretensiones que sentido de la lidia. Lo manejó en el primer tercio como si fuera un tentadero. Lo dejó ir al caballo cuatro veces -la cuarta vara, sólo señalada con el regatón- pero sin haberlo de verdad puesto en suerte. Lo abrió mucho en banderillas y el toro galopó con alegría pero escarbó al final del tercio. Antes de que Encabo decidiera nada, se levantó viento y el toro era ya el amo al cuarto viaje. Agresivo, revoltoso, enterado, punteó los engaños, hizo sufrir a Encabo mucho. Era, además, un toro descaradísimo, muy astifino. De los que llegan a la gente que mide más las apariencias que el fondo de un toro. Para este se pidió la vuelta al ruedo. Las otras dos salidas de Encabo fueron oscuras. No le cogió el aire al cuarto, que se le abría pero se dejaba mucho, y le pegó muchos muletazos que sumaron sin más. Con el sexto, que no le gustó porque lo sintió probón, abrevió con soltura. Fue tarde desafortunada con la espada y a los tres los tumbó Encabo por abajo y feamente.

El lote se lo llevó Robleño, A porta gayola con el tercero, que ya dejó ver su clase en el capote, y a los medios de largo para abrir faena con un cambiado por la espalda. No llegó a pararse Robleño con el toro ni a terminar de templarse ni a irse tampoco. Molestó el viento. Toro al limbo, propicio, mal aprovechado. El quinto, casi cornipaso, fue de muy dulce condición. Robleño anduvo sereno y quiso, pero faltó de todo un poco: colocación, audacia para enganchar por delante del toro, ligazón, atreverse a apostar. Vibrante el trasteo a ratos. No a la altura de las circunstancias.



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