Es el caos voluntario y ordenado, el gran puzzle operístico de muchas piezas que el director de escena Gian Carlo del Monaco sabe que acaban ajustando con precisión y armonía. Pero antes, muchas semanas antes de que la nueva versión de 'Los Cuentos de Hoffmann' sea una realidad, ese caos ha ido tomando cuerpo de orden en el trabajo recóndito de Borís Dujin con el coro, en el montaje de madrugada que dirige de forma expresionista Mario Episcopo, en la fantasía de vestuario y caracterización de Alicia Suárez, en la regiduría febril de Nahikari Aretxederra y en la jefatura de producción que piensa con calma Cesidio Niño.
El resultado, es decir, ese fin del caos esperado no puede ser otro que un montaje moderno pero lleno de sutilezas y de invitaciones a la fantasía. Un montaje que también armoniza con inteligencia ese formidable conflicto entre la música y el teatro, entre el canto y la expresión dramática.
Así, mientras que por un lado la escenografía con permisividad vanguardista de puertas de luz, de paredes y grafitti no renuncia a la grandilocuencia efectista de la imaginación, por otro la música o las voces, la historia de una lucha entre el amor y las fuerzas del mal o la sabiduría vital de un Gian Carlo del Monaco que resalta los simbolismos y acentúa la expresión emocional acaban convirtiendo a 'Los Cuentos de Hoffman' en ese sublime caos ordenado, donde confluye la comedia, el drama, el romanticismo y, sobre todo, la mejor pasión operística.