La cuestión es ganar. El Athletic afronta esta noche ante el Zaragoza uno de los partidos más exigentes en términos de presión psicológica de su historia. Así lo ve Yeste, que se ha elevado en estos tiempos de zozobra al papel de portavoz del equipo. El basauritarra resume gráficamente la angustia infinita con la que espera. «Nos jugamos la vida». A eso se le llama presión. El vestuario, por tanto, lo tiene claro. El partido pondrá a prueba su carácter. No en vano, el Athletic se enfrenta al peor de los problemas que ha vivido en su historia, el temor a caer por primera vez a Segunda A.
Lo que suceda en San Mamés dará la medida de lo que puede ocurrir en las dos jornadas restantes. El diagnóstico general en el club es que con un triunfo la permanencia estará prácticamente garantizada. Una derrota o incluso un empate dejarán, sin embargo, la continuidad en Primera pendiente de un hilo.
Es un partido en el que el Athletic debe ganar. En el club se entiende que éste es el encuentro de la verdad. Los dirigentes, que ayer celebraron reunión de junta, admitían que viven las horas previas sometidos a una ansiedad máxima. Todos en el club tienen grabado a fuego en las carnes que es el partido decisivo. Con tres puntos más, la distancia al descenso oscilará entre los tres y los seis e incluso podría meter una distancia inalcanzable al Cádiz. Tal y como están las cosas, ganando, los resultados de los rivales parecerán todos buenos. ¿Y si vencen Alavés y Cádiz? Al menos queda el consuelo de que supera como mínimo a Betis y Real Sociedad.
El Zaragoza llega como un oponente que ni pedido a propósito. De haber podido elegir rival para un choque como éste, los rojiblancos se habrían inclinado por el Málaga o por los aragoneses. Hasta la final de Copa, los de Víctor Muñoz parecían invencibles fuera de casa (sólo han perdido tres partidos). Tras caer inesperadamente con el Espanyol, se han convertido en una figura decorativa, con sólo un punto sumado en tres partidos.
El Zaragoza llega turbado por una polémica interna. Movilla denunció que su entrenador no es un buen profesional y que no le ha respetado. Por segunda jornada consecutiva, Víctor Muñoz le ha dejado fuera de la lista pese a no contar con 18 jugadores para completarla. Está claro que al técnico le importa más ajustar cuentas que preparar el partido.
Pero ojo, que es un buen equipo pese a vivir en pleno derrumbe y capaz además de firmar un buen partido aunque juegue a baja intensidad, algo que, por ejemplo, el Osasuna no puede hacer. Probablemente, Muñoz tratará de cerrarse atrás y de poner al Athletic ante la evidencia de sus carencias rematadora en San Mamés, en donde no alcanza la media de un gol por partido. Además, los aragoneses llegarán dispuestos a sacar petróleo de la impaciencia rojiblanca.
Es cierto que no se juegan nada, pero tampoco lo hacían en la campaña 1997-98, cuando los rojiblancos lucharon en el último partido contra ellos por un puesto en la Champions. Entre los aficionados se recuerda aquel partido como repleto de sufrimiento. Y si hay algo que han convertido en costumbre esta temporada los rojiblancos es hacer sufrir.
Los aficionados del Athletic contienen la respiración ante una noche que se promete intensa. San Mamés se llenará una vez más. No hay detalle como éste que refleje de la gigantesca expectación que levanta este club. La hinchada más fiel y fervorosa de la Liga empujará y alentará al equipo. El estímulo más poderoso.
Cae Aduriz
Las lesiones han sido una piedra muy alta en el camino rojiblanco de las últimas jornadas. Ayer hubo un nuevo disgusto. Aduriz no se ha recuperado de la patada que le dio el bético Miguel Ángel y se cae de la convocatoria. Al menos, Etxeberria ha sido nuevamente llamado a filas.
Urzaiz y Llorente pueden jugar de nuevo juntos. Con esta elección, el técnico envía un mensaje tan claro a sus jugadores que determinará la clase de partido que quiere. El Athletic saldrá a morder porque ha interiorizado que sólo el triunfo le vale. Si no es hoy, ¿cuándo? Si no es ante un San Mamés abarrotado, ¿dónde? Si no es frente a un Zaragoza desplomado, ¿con quién?