Más de tres meses después de ser secuestrados por un grupo iraquí desconocido, que amenazó con matarlos si el Gobierno de Angela Merkel no cerraba su Embajada en Bagdad, los ingenieros alemanes Rene Brauchlich y Thomas Nitzchke fueron liberados ayer sanos y salvos. Los dos técnicos fueron capturados el 24 de enero en la localidad de Belyi, donde trabajaban para la firma Cryotec en un yacimiento de petróleo.
Los secuestradores, autodenominados Brigada de los Partidarios del Monoteísmo y la Sunnia, exigieron también que todas las firmas alemanes abandonaran el territorio iraquí. En febrero anunciaron que decapitarían a los rehenes en un plazo de 72 horas si Berlín no accedía a sus exigencias. Pero el Gobierno germano mantuvo la calma y optó por enviar un mensaje de tranquilidad a los familiares de los ingenieros
Pronto corrió el rumor de que los terroristas estaban más interesados en obtener dinero a cambio de la libertad de los alemanes. Según diversas versiones nunca desmentidas, pidieron y, al parecer lograron, ocho millones de euros.
El drama llegó a su fin ayer cuando nadie lo esperaba. En Santiago de Chile, donde se encontraba realizando un viaje oficial, el ministro de Asuntos Exteriores germano, Frank-Walter Steinmeir, interrumpió una rueda de prensa para leer un breve comunicado. «Después de permanecer durante más de tres meses bajo condiciones inhumanas, ambos se encuentran bajo la protección alemana en Irak y regresarán mañana -por hoy- a casa», dijo. «Hoy es un buen día para nosotros».
La liberación de los dos ingenieros fue la única noticia positiva vivida ayer en Irak. Un grupo de insurgentes armados mataron a cuatro estudiantes universitarios en el barrio Al-Dura del sur de Bagdad, cuando regresaban de sus clases en un microbús. También un atentado suicida con coche bomba contra el gobernador de la provincia de Al-Anbar, Maamun Sami Rashid, dejó al menos tres muertos.