El lehendakari Juan José Ibarretxe ha cogido las riendas del proyecto de construcción de un gran centro científico europeo en Euskadi y ha encargado a la vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia la negociación con Madrid del acuerdo de financiación. Portavoces del Gobierno vasco y el central han confirmado a este periódico ese extremo y el firme compromiso de ambas administraciones para que el proyecto llegue a buen puerto, pero han eludido hacer declaraciones, escudándose en la necesidad de llevar las conversaciones con la máxima discreción.
Cuatro profesores de la Universidad del País Vasco (UPV) -Manuel Tello, Fernando Legarda, Francisco Albisu y Juan José Goiriena- propusieron en 2000 a la Diputación de Vizcaya la construcción en este territorio de una fuente de neutrones por espalación, una gran instalación con aplicaciones industriales, médicas y de investigación. La idea fue acogida con entusiasmo por el entonces máximo responsable del Gobierno foral, Josu Bergara, que la trasladó al Ejecutivo autónomo. El equipamiento iba a tener ámbito regional europeo.
A finales de 2003, el Ejecutivo de Vitoria informó del proyecto al Gobierno de José María Aznar, que estaba dispuesto a correr con el 50% de la inversión, compromiso que asumió después el Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero. En octubre pasado, el PNV acordó con el PSOE el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado a cambio de la puesta en marcha del proyecto, entre otras contrapartidas. Todo iba viento en popa cuando en febrero se presentó la oportunidad de aspirar a un equipamiento de rango continental, la Fuente de Espalación Europea (ESS).
Impacto mundial
Si la instalación regional iba a poner a Vizcaya en el mapa de la ciencia continental, la ESS tendría un impacto mundial. La fuente regional ocuparía 90.000 metros cuadrados, daría trabajo a 150 personas y costaría 330 millones; la continental se extendería por 1.000.000 de metros cuadrados (el equivalente a un cuadrado de un kilómetro de lado), emplearía a 1.000 personas, recibiría unos 4.000 científicos visitantes anuales y costaría más de 1.200 millones. El 2 de febrero, una delegación de los Gobiernos central y vasco anunció en Bruselas que desviarían el dinero reservado al complejo regional hacia el continental si se construía en Vizcaya.
La propuesta española fue muy bien acogida en la comisión científica de la UE que decidirá el emplazamiento de la instalación si los Gobiernos de los Veinticinco dan este verano luz verde a la ESS. El presidente de otra de las candidaturas reconoció en privado poco después que, ya que España va a aportar 330 millones si es elegida, sería un error no construir la instalación y no hacerlo en Vizcaya. La próxima reunión de los expertos se celebrará en octubre en Bilbao y es la que tienen en mente en Madrid y Vitoria porque, si todo va bien, será poco después cuando se decida el lugar elegido.
La creación del patronato que gestionará el proyecto estaba casi en marcha cuando el 7 de marzo Mercedes Cabrera sustituyó a María Jesús San Segundo al frente del Ministerio de Educación y Ciencia. El relevo ha supuesto un retraso en las negociaciones -por la necesidad de que la ministra se ponga al día-, pero no cambios en la postura del Gobierno central, que quiere traer el gran centro científico a Vizcaya y considera una buena señal que Zenarruzabeitia sea la interlocutora vasca. La vicelehendakari intentará que Madrid aporte más del 50% de la cantidad comprometida, pero lo tiene muy difícil: ese porcentaje es el aplicado en acuerdos similares, como el del sincrotrón catalán.
Sí ha cambiado el objetivo prioritario de ambas administraciones. Hasta hace poco, abogaban por avanzar a la vez en el diseño del proyecto regional y el continental, para no perder tiempo si el segundo no fructificaba. Ahora, creen que hay que concentrarse en el segundo y olvidarse, de momento, del regional, lo que deja en el aire la pregunta de qué pasaría si la ESS no se construye en el País Vasco.