El Correo Digital
Jueves, 4 de mayo de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Malas noches
Tengo entendido que las encuestas sólo dejan satisfechos a quienes las encargan. La verdad es que no lo sé, ya que no entra en mis posibilidades económicas encargar ninguna. Defraudar a quien paga es algo que va contra todas las leyes del comercio, pero a pesar de eso no descreo totalmente de los sondeos de opinión, aunque muchas veces ahonden poco y se detengan en los primeros estratos.

Uno de ellos asegura que los españoles, unos con otros, se entiende, aunque lo hagan por separado, dormimos mal. ¿Qué es lo que desvela a nuestros compatriotas? No me parece que sus insomnios se originen por la profusión de patrias. Yo, por ejemplo, sigo durmiendo igual cuando era andaluz, español, europeo y terrícola que ahora que sé que pertenezco, desde anteayer, a una 'realidad nacional'. En cualquier caso, lo intrigante es por qué hay gente que no puede pegar ojo, después de pegarse una paliza laboral. Lo difícil es conciliar el trabajo, pero conciliar el sueño debiera estar al alcance de todos.

Habría que averiguar qué es lo que dificulta el sueño, que es siempre una amnistía, más que una tregua. Algunos se desvelan por la escalada del petróleo, y ven en sus pesadillas cómo la manguera del surtidor se convierte en un bicho innombrable de lengua bífida y a otros les desvela que se retire del fútbol el último artista sobre los prados rectangulares, el gran Zidane, que no tolera verse empequeñecido por la acumulación de calendarios.

Quizá la causa más notoria para no poder dormir, en el sentido de que es la que se nota más, sean las deudas. El insomnio está íntimamente ligado a las hipotecas y a los escollos para llegar a fin de mes. Julio Camba me dijo una vez que el sueño es la cosa más agradable del mundo y que es una lástima que, nada más cogerlo, nos quedemos dormidos.



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