Andrés Nagel ha mandado retirar del museo Guggeneheim una escultura suya de la exposición 'Homenaje a Chillida'. A su juicio, el emplazamiento de la obra en la planta baja no permite relacionarla con el grueso de la muestra, en el tercer piso, y además le afecta la luz directamente, lo que podría dañar su material, compuesto de poliéster y plomo.
La pieza, titulada 'N...03086', se retiró el pasado 28 de abril del lugar que le habían adjudicado, enfrente de los ascensores del primer nivel del museo. «Me quejé primero a los propietarios (la empresa Urvasco), pero no me contestaron, y luego lo hice al museo. Me parece un falta grave que hayan colocado la pieza en ese sitio, sin ningún criterio museológico y en evidentes condiciones de desigualdad respecto a otros artistas», manifiesta el creador donostiarra, de 58 años, que a principios de febrero pasado expresó su voluntad de alejarse del mundo del arte.
Intenciones
La pieza está situada cerca de dos monitores electrónicos con información sobre el Guggenheim y al lado de una gran ventana que comunica con el exterior. Muy cerca se hallan otras piezas de los hijos de Chillida Pedro y Eduardo, y de Carlos Lizariturry, también familiar del artista. «Creo que el museo intentó cambiarla de sitio, pero el comisario se negó, con una intencionalidad cuyos motivos desconozco», añade Nagel, que ha ejercido el derecho a retirar su obra amparado en la Ley de Propiedad Intelectual.
En opinión del artista, el Guggenheim tampoco actuó de forma adecuada. «Se supone que tiene un equipo de conservadores que deben cuidar de la integridad de las obras. Yo creo que en el museo eran conscientes de lo que estaba pasando, pero lo aceptaron». En el Guggenheim, declinaron hacer declaraciones.
El comisario de exposición, Kosme de Barañano, niega la «intencionalidad» que le atribuye el artista. «Siempre intento hacerlo lo mejor posible, lo que significa que trato de no perjudicar a nadie. No es fácil acomodar la obra de 45 artistas en las tres salas contiguas de la tercera planta y, como me ofrecieron ese espacio, pensé que se podía utilizar de una manera muy digna. Suelo escuchar a la gente, hablé con los técnicos y les pareció bien. Las obras de Antonio López y de Tony Cragg están en un recoveco, al lado de un pasillo que comunica con el servicio, y ninguno de los dos se ha quejado», alega el ex director del IVAM de Valencia.