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Jueves, 4 de mayo de 2006
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CULTURA
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El largo viaje de Kepa Sojo
Diez años convenciendo a actores en festivales de cine le han servido a este profesor de la UPV para estrenar su primer largo
El largo viaje de Kepa Sojo
ABSURDO POP. Lluvia Rojo y Alejandro Garrido, en 'El síndrome de Svensson'.
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Kepa Sojo (Llodio, 1968) ha perdido la cuenta de los festivales en los que ha presentado sus cortos: «'100 maneras de hacer el pollo al txilindron' participó en un centenar, 'Looking for Chencho' en 150 ». Vestido con su camiseta del Athletic, Sojo se ha plantado en los que ha podido, «unos 250». Entre los más «freakies» destaca los de Antequera, Arrigorriaga y, sobre todo, Melilla: «Hubo inundaciones, unos vigilantes me encañonaron cuando iba con María Adánez ».

El realizador alavés no pertenece empero a esa fauna festivalera que, sin ocupación clara, adopta un modo de vida nómada, de canapé en canapé. Profesor de Historia del Cine en la Universidad del País Vasco desde 1999, Sojo ha tardado casi diez años en dirigir su primer largometraje. 'El síndrome de Svensson' se estrena el próximo viernes en el Festival de Nuevo Cine Europeo de Vitoria (NEFF) y llegará a las salas en verano.

Inaugurar el Movimiento del Absurdo Pop se antoja un paso lógico en la carrera de un cineasta que ha publicado una guía turística del País Vasco, dirigido el Museo Vasco de Gastronomía o inventariado los bienes de la Iglesia católica en Álava. «Sólo me voy a dar un certificado Dogma a mí mismo. Mi humor es el absurdo pop porque la vida es absurda y España y el mundo están llenos de lugares absurdos, como los bares de carretera. Me nutro de la cultura popular y me inspira el grado de borreguismo al que hemos llegado».

Sojo, que financió su primer corto con una txosna en las fiestas de su pueblo, no se amilanó a lo largo de los años ante las negativas de las productoras. «Peregriné por veinticinco, y todas me dijeron no: que era una locura, que era muy cara, que era -literalmente- una puta mierda ». Al final, la asociación de tres pequeñas productoras ha logrado que 'El síndrome de Svensson' se haya filmado entre Cuenca, Valencia y Alicante. «Es la primera película que se rueda en los estudios de la Ciudad de la Luz. Si hasta vino el presidente de la Generalitat, justo el día que rodábamos una escena de zoofilia con una vaca ».

El tirón del Oscar

Para entender el cine de este doctorado cum laude con una tesis sobre 'Bienvenido Mr. Marshall' conviene revisar joyas del humor surrealista como 'Amanece que no es poco'. Si allí aparecían labriegos que discutían sobre Faulkner, en 'El síndrome de Svensson' hay camioneros que disertan acerca de Tolkien. Las mil referencias cinéfilas -«de Dreyer a Esteso y Pajares»- convencieron a una pléyade de actores para componer el reparto coral: Pepe Sancho, Fele Martínez, Lluvia Rojo, Eulalia Ramón, Txema Blasco Alguno hasta interpreta varios papeles, «a la manera de los Monty Python».

Como hilo conductor de esta inclasificable 'road movie' aparece Alejandro Garrido, actor fetiche del historiador en sus cortos. Es el Svensson del título, que movido por una ensoñación viajará hasta Xátiva para asistir a un concierto de rock. El director admite que la trama contiene parte de improvisación, pero no le guía «el todo vale». Su entusiasmo fue el mejor aval para los actores, a quienes abordaba en festivales. Si hasta Willy Toledo se dejó convencer en el ya mítico 'Txilindron'

«He hecho de todo en el escenario para llamar la atención, sin esas chorradas todavía estaría esperando», reconoce Sojo, miembro de una generación de cortometrajistas que asume la necesidad de 'vender' una película antes de rodarla. Como Nacho Vigalondo, cuya ópera prima ha ocupado páginas y páginas en los diarios: declaraciones de intenciones, firma del convenio de financiación con el Gobierno de Cantabria 'Los Cronocrímenes' cuenta ya con su página web, y todavía no ha dado el primer golpe de claqueta.

«Nacho tiene que aprovechar el tirón de la nominación al Oscar; hasta yo me he aprovechado de él, porque tiene un papel en mi película», desvela el director. «Yo empecé tarde en esto, con casi 30 años. Antes apenas iba al cine, como mucho una vez al mes. Sé que mi profesión remunerada es la de profesor de universidad; aunque tenga éxito, no dejaré la UPV».

Sojo es de los pocos cineastas noveles que no ha emigrado a Madrid para cumplir sus sueños: «Allí me agoto, aquí soy feliz». Sólo una productora vasca confió en él, aunque no ha podido rodar en Euskadi. Tampoco tuvo suerte en el proyecto Kimuak, que edita los mejores cortos vascos del año para exhibirlos por festivales, un desplante resarcido por subvenciones del Gobierno vasco y el Ayuntamiento de Vitoria.

«Temo que la crítica me va a machacar», pronostica. «Ahora el tema social vende más que la comedia. Eso sí, si es un taquillazo, seguro que me toman en serio sin necesidad de rodar ningún drama».



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