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Jueves, 4 de mayo de 2006
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Las elecciones municipales inglesas se celebran como un referéndum sobre Blair
El líder laborista, que atraviesa una larga etapa de desprestigio, solicita a los votantes que piensen en asuntos locales
Las elecciones municipales inglesas se celebran como un referéndum sobre Blair
Tony Blair sale del número 10 de Downing Street. / AP
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El líder conservador, David Cameron, dice que «la población británica está pagando el precio por el apego al poder de un líder que ha perdido absolutamente el control». El liberal, sir Menziez Campbell, estima que «los laboristas están justificadamente contra las cuerdas, porque han fallado en la persecución de la delincuencia, en la salud y en el medio ambiente, nacional y localmente».

Es el momento de las declaraciones rotundas porque Reino Unido tiene hoy elecciones. Y, como los comicios son municipales, el principal inculpado por las acusaciones de conservadores y liberales -el primer ministro, Tony Blair- debe contraatacar. Pero lo hace con timidez, como si estuviera excusándose: «Espero que la gente piense localmente en estas elecciones».

Es decir, que no acuda a los colegios electorales, que se abren hoy desde las siete de la mañana las once de la noche, pensando en la coyuntura nacional, en el mal año de Blair y su Gobierno, sino en sus ayuntamientos. Es todo un reconocimiento por el primer ministro de que su imagen, antes carismática, que personificó en un tiempo el triunfo celeste del nuevo laborismo, ha perdido el brillo.

Ayer tuvo que defender en el Parlamento a su ministro de Interior, Charles Clark, tras el descubrimiento de que su departamento ha puesto en libertad en los últimos años más de mil delincuentes que podrían haber sido deportados al extranjero. Algunos, 38, son peligrosos. Uno de ellos no fue expulsado a Somalia, porque allí había una guerra, pero mató luego a una policía en la ciudad inglesa de Bradford.

El ministro Clark ha liderado el ímpetu del Gobierno para crear nuevas legislaciones especiales contra el terrorismo internacional, pero su departamento no hace bien las cosas del día a día, los asuntos que los británicos definen como «pan y mantequilla». Blair dijo en los Comunes que Clark no tiene la culpa, que el problema se remonta a décadas, pero el 'tory' Cameron le replicó que esa explicación es «patética».

También está el caso de John Prescott, el viceprimer ministro, al que le han ido quitando competencias desde 1997 y quedando exclusivamente como un poder fáctico del partido en el Gabinete, el hombre que puede tratar de tú a Blair y a Gordon Brown. Esa tarea no le llevaba mucho tiempo porque ahora se descubre que le permite disfrutar de los placeres de la vida en su despacho oficial: alegres fiestas rematadas con un poco de sexo con su secretaria.

Medir el golpe

¿Qué decir de Patricia Hewitt?, una ministra de Sanidad que logra salir abucheada de un congreso de personal sanitario, que se ha beneficiado de una colosal inversión pública, que ha incluido notables incrementos salariales. Y antes tuvo que dimitir David Blunkett tras un lío de amores y dinero, Cherie Blair ha recibido pagos por comparecencias públicas que al menos se pueden describir como faltas de decoro, el marido de la ministra de Cultura, Tessa Jowell, resulto ser un artista consumado de la contabilidad creativa y asesor áureo de Berlusconi y el propio Blair parece que da el titulo de lord a quien mas dinero dé al Partido Laborista.

El Gobierno padece ya el síndrome habitual de quien lleva mucho tiempo subido en un coche oficial y, además, parece ser incompetente, porque hay malestar en los servicios públicos a pesar de la enorme inversión. Y no se debe hablar de Irak, aunque el ministro conservador en la sombra hasta hace unas semanas, Michael Ancram, afirmase hace diez días, ya libre de la responsabilidad de su cargo, que lo mejor sería retirar las tropas lo antes posible.

¿Irak? ¿Corrupción a la italiana? Eso tiene que ver poco en principio con elecciones municipales en 176 de los 388 ayuntamientos británicos. Están en juego 4361 concejalías, entre ellas las de 32 ayuntamientos en Londres y en algunas grandes ciudades, como Manchester, Liverpool o Leeds. Los expertos electorales afirman que el pronóstico en unas municipales es muy complicado y también lo sera la interpretación de los resultados.

La oposición

Pero la oposición quiere convertir la cita con las urnas en un plebiscito sobre Blair. Se dice que los laboristas pueden sufrir una deblace como la padecida por Harold Wilson en 1968, cuando celebró comicios horas después de subir la gasolina. ¿Quedara el laborismo con un voto en torno al 25% y los conservadores con el 60%? ¿Perderá Blair 350 concejales? Si todo eso ocurre, es posible que el partido parlamentario laborista se asuste y empiece a pensar en la conveniencia de una marcha inminente del líder.

A quién le gustaría esperar mas tiempo, quizás para batir el récord de permanencia de Margaret Thatcher, quizá para lograr su redención tras este largo año de malas noticias, quizá para resolver finalmente la cuestión de Irak. Quizá para zafarse de la cárcel de cristal en la que le ha metido un mundo mediático al que antes encandiló con golosinas y cuentos, y que ahora parece tener el deseo de venganza.



Vocento