Pasqual Maragall defendió ayer en el Senado lo que ningún dirigente del PSOE ha admitido desde que la reforma del Estatut comenzó a debatirse en las Cortes Generales: que el nuevo texto reconoce a Cataluña como nación. El presidente de la Generalitat abrió la primera sesión de la comisión general de comunidades autónomas -que discutirá el proyecto antes de su aprobación definitiva la semana próxima- con un discurso reivindicativo. A su juicio, la polémica propuesta no sólo dibuja un «buen» marco de autogobierno para Cataluña, sino que da «estabilidad» a España porque «apuesta por la fórmula que mejor puede garantizar su continuidad y su progreso como realidad plural».
La primera sesión de las tres que, en principio, debe durar el debate en comisión del Estatuto catalán quedó descafeinada por la ausencia de los presidentes autonómicos del PP, cuya participación en el debate se esperaba hasta este mismo lunes. Era la única novedad de una discusión que no tendrá efectos prácticos. El texto saldrá de la Cámara alta tal y como entró, directo para su ratificación en el referéndum previsto para el día 18. Ayer se rechazó el veto presentado por el grupo popular y en las próximas sesiones se tumbarán una a una todas las enmiendas vivas.
El primer partido de la oposición decidió en el último momento evitar dar la imagen de confrontación entre sus 'barones' y el presidente catalán y, en lugar de enviar a sus jefes de gobierno regionales, optó por consejeros de las más diversas áreas. E incluso algunos fallaron. En la lista de ausentes: Madrid y las dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla. En la de críticos, el riojano Emilio del Río; el murciano Fernando de la Cierva; el valenciano Esteban González Pons; el balear Francisco Fiol, y el castellano-leonés Alfonso Fernández Mañueco.
En sus primeras palabras, Pasqual Maragall les dedicó un sutil 'guiño'. «Quiero creer que todos los que vamos a participar en este debate compartimos la convicción de que alimentar tópicos y recelos, así como prejuicios que nos distancian, no es ninguna contribución a la convivencia entre los pueblos de este gran país que se llama España», señaló.
Los consejeros populares replicaron con argumentos como el de que el nuevo Estatut «afecta a todos los españoles», crea «comunidades de primera y de segunda» y es «egoísta». Sin embargo, se cuidaron de recriminar nada a los catalanes. «El responsable de todo esto es el presidente del Gobierno -subrayó Del Río-; no se puede entender que dentro de España se cree otra nación con competencias exclusivas y blindadas y con un sistema de financiación propio, acordado de forma unilateral con el Estado».
El presidente de la Generalitat no replicó a estas intervenciones. Pero en su discurso inicial ya había una respuesta implícita, en la que abundó también líder de la oposición catalana, Artur Mas. No en vano, CiU ha pactado con el gobierno autonómico la campaña para el referéndum. Maragall insistió en que el nuevo Estatuto «no está pensado para dar la espalda ni a España ni a nadie». Y aseguró que, con el reconocimiento por parte de las Cortes de la nación catalana, de hecho, «España gana».
«Un clamor»
El presidente de la Generalitat argumentó que «el hecho de que seamos una nación fue una consigna defendida por 100.000 personas en una ocasión y por un millón en otra ocasión, es decir, es todo un clamor. ¿Ganaría algo España negándose a reconocer ese clamor? No, perdería; perdería el sentido de la realidad y perdería el respeto de millones de catalanes», aseguró. El líder del PSC defendió así que los redactores del Estatut simplemente han trabajado para «desarrollar todas las potencialidades» del Estado autonómico y han «abierto el camino de afirmación de las distintas realidades identitarias del conjunto de los pueblos de España». Algo, a su juicio, positivo.
Artur Mas apuntaló esta idea al defender que «el fundamento» del actual modelo territorial es obra de Cataluña y el País Vasco. «He echado de menos esa idea en algunos representantes de gobiernos autonómicos», reprochó. La historia, a su juicio, se repetirá. Maragall lo dijo así: «Con el tiempo, toda España entenderá que la propuesta de Cataluña se ha realizado desde el respeto y desde la convicción de que el autogobierno y la proximidad son los mejores principios en política».