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Jueves, 4 de mayo de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/Navarra
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Las referencias a Navarra se han convertido en motivo central de controversia política a cuenta del alto el fuego de ETA. La insistencia con la que Batasuna trata de realzar la navarridad de Euskal Herria encuentra su eco en la airada inquietud que manifiesta el presidente navarro Miguel Sanz. El supuesto de que la integración entre Navarra y Euskadi ha sido objeto de una negociación previa entre Rodríguez Zapatero y ETA carece de verosimilitud. Aunque, de tanto denunciarlo, puede volverse igual de creíble para quienes abominan de tal supuesto como para quienes desearían fervientemente que fuese cierto. Lo que sí puede ocurrir es que las elecciones de mayo de 2007 al Parlamento navarro conduzcan a un cambio de mayoría en dicha comunidad. La incógnita es si los pronunciamientos de Sanz y sus requerimientos al Partido Socialista activarán el voto a UPN por miedo al cambio o si, por el contrario, lo propiciarán.

En las elecciones forales de 2003, UPN obtuvo el doble de votos que el PSN, 127.460 frente a 65.003. El voto que lograron UPN y CDN sumó una cantidad equivalente a la que fue a parar a las demás fuerzas parlamentarias (PSN, IU, EA-PNV y Aralar), en unos comicios ante los que la ilegalizada Batasuna propugnó el voto nulo. En las elecciones generales de marzo de 2004, UPN-PP vería reducida su ventaja respecto a los socialistas navarros a 13.000 votos. Mientras que la suma UPN-CDN se quedaría en 131.478 votos frente a 193.359 que ofrecieron, sumándose, PSN, IU y Nafarroa Bai. La victoria de Rodríguez Zapatero ha despertado las expectativas electorales de los socialistas navarros, aletargadas tras los casos de corrupción protagonizados por Urralburu y Otano. Del mismo modo que el paso del PP a la oposición ha mermado la utilidad del voto a UPN.

Claro que el establecimiento de una coalición postelectoral alternativa al centro derecha navarrista es una hipótesis prematura. Pero una hipótesis a la que, paradójicamente, puede acabar dando carta de naturaleza el propio Miguel Sanz. Resulta inimaginable pensar que alguien pretenda aplicar, ni hoy ni mañana, lo previsto en la Transitoria Cuarta de la Constitución, para someter a referéndum en Navarra su integración con Euskadi. Sin embargo, sí parece más factible que un cambio de mayoría de la Cámara navarra rescate el Acuerdo de Colaboración que en su día alcanzaron Ardanza y Otano. Un acuerdo que hoy bien podría encuadrarse dentro de las reformas autonómicas en marcha. k.aulestia@diario-elcorreo.com



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