La capa de ozono, el escudo natural que nos protege de la dañina radiación ultravioleta del Sol, se recupera poco a poco desde que 180 países firmaron en 1987 el Protocolo de Montreal. Este acuerdo prohíbe el uso de los clorofluorocarbonos (CFC), gases utilizados en aerosoles, sistemas de refrigeración y de aire acondicionado, que destruyen el ozono atmosférico. Gracias al freno de las emisiones de CFC, a finales de este siglo los niveles de ozono serán ligeramente superiores o inferiones a los de antes de 1980, según Betsy Weatherhead, del Instituto para la investigación en Ciencias Medioambientales, entidad en la que participan la Universidad de Coloreado y la Administración Nacional de los Océanos y la Atmósfera (NOAA) de Estados Unidos.
Weatherhead y Signe Beach Andersen, del Instituto Meteorológico de Dinamarca, han llegado a esa conclusión a partir de la información recogida por la red de satélites y estaciones terrestres de la NASA y la NOAA sobre la capa de ozono, que está a entre 35 y 45 kilómetros de altura. Los datos, que hoy publica la revista 'Nature', revelan una ligera recuperación de ese gas en los últimos diez años, mayor que la esperada en las latitudes medias del Hemisferio Norte. «Creemos que está respondiendo a la caída de los niveles de clorina en la atmósfera como consecuencia del descenso de CFC. Los progresos responden a lo previsto por el Protocolo de Montreal», dice Weatherhead, quien advierte que, de cara al futuro, no pueden echarse las campanas al vuelo, pues nuevas amenzas se ciernen sobre ese escudo natural.
Los futuros niveles de la capa de ozono dependerán menos de los CFC, que están a la baja, que de la temperatura del aire y de gases como el óxido nitroso, residuo de la producción de fertilizante. «En cincuenta años, el CFC no será el factor dominante en el control del ozono. Habra otros factores, como los gases de 'efecto invernadero', el óxido nitroso y el metano».
A corto plazo, «como faltan décadas para la recuperación de la capa de ozono, la cantidad de rayos UVA que alcanzará la Tierra seguirá siendo elevada. La gente tendrá que seguir tomando el sol con precauciones», advierte Weatherhead. El ozono actúa como barrera para una radiación, la ultravioleta, que puede provocar en los seres humanos cáncer de piel y cataratas, además de graves daños en los ecosistemas.