Tengo la sospecha de que los sueños están bien mientras lo son. Mientras siguen siendo sueños. Como si su obligación no fuera tanto hacerse realidad cuanto ejercer de encantadores. Para persuadirnos de que merece la pena seguir viviendo y todo eso. Porque, así como sólo reconocemos el paraíso cuando lo hemos perdido, los sueños tienden a dejar de ser encantadores cuando se hacen realidad. No parece pues del todo errada aquella maldad del pesimismo según la cual los sueños sólo se cumplen cuando ya no importan. Por eso también sospecho (llega una edad en la que uno empieza a perder las límpidas convicciones para empezar a albergar sucias sospechas) que a la realidad le gusta reírse de nuestras ilusiones. Y que su manera favorita de hacerlo es ésa: permitiendo que nuestros sueños se cumplan de la forma más burda y decepcionante. Muchas veces el sueño, sobre todo el sueño del nacionalismo más naif, consiste precisamente en la ilusión de regresar al paraíso. Pero la realidad es burlona y parece divertirse de lo lindo tratando una y otra vez de convencernos de que eso es imposible. Después de los, al principio sesudos, luego contemporizadores y finalmente irónicos debates que se mantuvieron a propósito de la inclusión del término 'nación' en el Estatut, ahora resulta que Andalucía lo introduce con la mayor suavidad como quien pone un poquito de ajo. Y no me hagan mucho caso, pero una vez más tengo la sospecha de que, precisamente por eso, la palabreja en cuestión va a empezar a devaluarse en poco tiempo. 'Nación' viene de nacer, como 'país' viene de paisaje o 'patria' de padre. Todas estas bonitas palabras tienen la importancia que queramos darles. Pero lo cierto es que cada vez son más baratas. Lo que pasa con ellas, como en general con todos los grandes conceptos filosóficos del pasado, es que han sido contaminadas por la subjetividad y la mezcla de contenidos que cada cual quiere atribuirles en un momento y en un contexto dados. Yo mismo suelo decir que mi país es mi biblioteca. Por otro lado, además, la nación cada vez tiene menos que ver con el nacimiento, como el país tiene cada vez menos que ver con el paisaje, o la patria con el origen de los padres. Aunque suene a broma, permítanme recordar que el Ejército español lleva tres años reclutando inmigrantes latinoamericanos para compensar la falta de alistamientos nacionales. Y que cada año crece el porcentaje de extranjeros en las Fuerzas Armadas españolas. Y otra paradoja: de repente se oye decir 'región asiática', 'región iberoamericana', 'región sudafricana'. ¿Región? Región viene de regente, de rey. Aristóteles decía que la patria de cada hombre está allí donde vive mejor.