«No hay que ser ambiguo, el teatro es un arte radical». Albert Boadella no deja indiferente a nadie. Desde que fundó la compañía de teatro Els Joglars en 1962, el director catalán ha aireado sus pensamientos por escenarios de medio mundo. Su deseo de «provocar emociones, risas, sentimientos, incluso rechazos» ha dado sus frutos, pero para ello ha sumado tantos seguidores como detractores. «Si no fuera así significaría que estoy en la moda de lo políticamente correcto». Una forma de trabajar que le ha llevado a hurgar en la hipocresía política, en 'Ubu, presidente' y hasta criticar al Ejército y la Guardia Civil en 'La Torna', que en 1978 le valió consejo de guerra y le obligó a fugarse de sus vigilantes cuando se hallaba en el hospital.
La celebración del cuarto centenario de la publicación del 'Quijote' no podía quedarse sin la peculiar visión de Els Joglars. 'En un lugar de Manhattan', don Quijote y Sancho son transportados a la sociedad contemporánea. El espectáculo, que se representa en el Arriaga de Bilbao desde hoy hasta el 14 de mayo, pone en conflicto la modernidad con lo arcaico. «Lo que pretendemos es recrear y extraer la sustancia de lo era el 'Quijote' y enfrentarlo a nuestro mundo, donde no queda ningún vestigio de los valores que propugnaba el viejo hidalgo. Hoy día la vanguardia es indiscutible y los comediantes tenemos que poner en ridículo los fetiches que crea cada sociedad».
En su vida hay algunas imitaciones quijotescas, pero con una diferencia: «Él es un personaje que va hasta la muerte por sus creencias. Y yo soy pícaro porque hay un punto en el que trato de evitar el castañazo». En su trayectoria profesional siempre ha procurado no vender humo. «No me gusta el teatro de diseño». Su objetivo es mostrar una visión más real de lo que aparentemente tenemos alrededor. Por eso, no habla de crear arte porque todo está hecho, sino de «desvelar». Un compromiso «con uno mismo, que sale de la pasión con la que se hacen las cosas». Piensa que en esta profesión existe un deseo de querer quedar bien con todo el mundo. Algo que, a su juicio, es muy bello pero imposible; además «se hace por unos intereses de fama, económicos... Yo no he practicado eso y no me ha ido tan mal».
Una sociedad acomodada
A pesar de haber hecho series televisivas y alguna incursión en la gran pantalla, Boadella considera tanto la televisión como el cine «artes menores con respecto al teatro». «Hemos creado una sociedad de una enorme comodidad. Y esto tiene contrapartidas muy peligrosas en todos los sentidos, desde la educación de los niños hasta nuestra propia felicidad». Els Joglars lleva 45 años buscando romper tabús y mirar de cara a la actualidad más candente. Una línea que cuenta con el beneplácito de su director teatral, «aunque haría alguna corrección, como haberme enfrentado antes al mundo progre».
Sus ideas las ha defendido a ultranza y ha aplicado el humor y la sátira contra obispos, dictadores, políticos...¿Quién será el siguiente? «Dependerá de que pese más algún amor o algún odio». El asunto territorial y el Estatut le darían para varias obras, pero confiesa sentirse cansado. «Hace tiempo que estoy saturado y no tengo deseos de hacer demasiadas cosas ni en Cataluña, ni para Cataluña. Existe un desprecio casi masivo por cosas que he dicho en relación al poder. Pero estoy tranquilo porque el mundo es la patria de los artistas, no un territorio cerrado».