Que Celedón fuera una persona de carne y hueso o no quizás no importe demasiado. Que fuera Celedonio Anzola, el de Zalduondo, o un tal Celedonio de los tiempos de la Carlistada nacido en Andagoia, o cualquier otro, creo que es irrelevante. Lo cierto es que cuando Mariano San Miguel compuso el pasacalles que lleva el nombre del personaje que nos ocupa ya se comentaba que estaba basado en una melodía popular preexistente, seguramente desde finales del siglo XIX.
Es decir, se trataba de un mito o un personaje real que se había instalado hacía ya tiempo en la memoria y en el sentimiento colectivos del pueblo de Vitoria. Por eso, los nueve vitorianos que en 1957 pensaron en corporeizar un símbolo para nuestras fiestas gasteiztarras no pudieron elegir mejor: Celedón ofrecía el perfil ideal, como se dice hoy en día.
Si algo representa Celedón es la simpatía, el buen humor, la buena vecindad, el buen rollo, en dos palabras. Sí, buen rollo, precisamente un concepto que va desapareciendo de forma alarmante en todo lo que se refiere al club de mis lloreras infantiles, decepciones adolescentes y berrinches actuales. También el club de mis euforias y orgullos celebrados como se merecían, por supuesto. Y es que, por desgracia, lo que me transmite el Deportivo Alavés en la actualidad y lo que me sugiere nuestro querido Celedón son sensaciones que no tienen nada que ver.
Ojalá lleguemos, entre otros, a hacer una casa nueva, con ventana para mirar el cielo vitoriano -sea azul o esté nublado, da igual- y ver así el futuro con un poco más de optimismo, que buena falta nos hace, y con un gran balcón desde el que saludar a la afición mostrando los trofeos conseguidos. Eso es, como la casa de la canción de Celedón.
P. D.: Hay que tener buenas sensaciones. ¿Un poquito del espíritu de Celedón, por favor! Esperemos que al final todo vaya mejor, ya que siempre que ha llovido ha escampado. Es el único apunte que le he conseguido coger a la vida, que es una profesora que dicta la lección muy, pero que muy deprisa. Al menos para mí.
¿GORA CELEDÓN! ¿GORA ALAVÉS!