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Viernes, 5 de mayo de 2006
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DEPORTES
Bilbao Basket
Máximo volumen en La Casilla
El viejo pabellón bilbaíno tiembla con los decibelios y la angustia en un partido vibrante en el que la afición del Lagun Aro se entregó hasta el último suspiro
Máximo volumen en La Casilla
COMUNIÓN ENTRE CLUBES. El rojiblanco Yeste celebra con Scott la sufrida victoria ante la mirada de sus compañeros del Athletic Joseba Etxeberria, Aritz Aduriz, Mari Lacruz y Llorente.
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Querían los mandamases del Lagun Aro convertir La Casilla en una olla a presión y lo cierto es que se aplicaron a la tarea. En su búsqueda de un ambiente cargado y eléctrico que tuviera efectos intimidantes sobre el Leche Río Breogán no dejaron nada a la improvisación. Hora y media antes del inicio del partido, cada una de las localidades del pabellón estaba provista de su correspondiente kit de animación: dos aplaudidores rojos bien hinchados (marca Fanfare, made in Corea) y, pegada a cada asiento con un trozo de celo, una boquilla de trompeta. Y no sólo eso. Por las dos filas más altas de las gradas se habían distribuido bolsas de plástico llenas de papelitos de colores. No hace falta decir que se lanzaron al aire durante la presentación del equipo, al igual que varios rollos de papel higiénico que acabaron sobre el parquet. (Le surgió aquí al periodista una pregunta obligada: ¿a quién le sobran en Bilbao rollos de papel higiénico tal y como marchan este año el Athletic y el Lagun Aro?).

Otro factor fundamental en la búsqueda de esa atmósfera propicia eran los decibelios. Vaya que si lo eran. Buenos son los decibelios. Los responsables de la megafonía, que lo saben, apretaron las tuercas a tope. Máximo volumen. El resto lo hizo una selección musical especialmente pensada para poner los pelos de punta. 'Whiskey in the jar' de Metallica, 'Thunderstruck' de AC&DC ,'Sweet child of mine' de Guns'n Roses y truenos 'heavy' por el estilo. Como meter los dedos en un enchufe. Si a todo lo dicho se une el estruendo de carracas y cornetas y los habituales zapatazos retumbantes contra el suelo de La Casilla es fácil hacerse una composición de lugar: a las 19.25 horas, cuando el 'speaker' presentó a los dos equipos (con los locales se dejó el alma con un desgarro flamenco), aquello era un infierno. Y de eso se trataba.

Intensidad volcánica

La cuestión era mantener las revoluciones, esa intensidad volcánica que tenía algo de discotecón 'after hours', circo y verbena con fanfarria, durante todo el partido. Y había tanto en juego -casi la permanencia del Lagun Aro en la ACB- que no hubo ningún problema para conseguirlo. La entrega del público fue total, comenzando por la de los peñistas del Athletic y del Lagun Aro que acudieron al partido en alegre kalejira y siguiendo por el resto de los presentes. Salvo los inquilinos del palco, que ayer estuvo a rebosar, presidido por el diputado general José Luis Bilbao, todo el mundo se desgañitó animando y aplaudiendo. Incluso Yeste, Etxeberria, Iraola, Aduriz, Lacruz y Llorente, que acudieron al partido una vez repuestos del susto de la noche anterior en San Mamés.

Cada canasta era un clamor que el locutor elevaba hasta el paroxismo citando el nombre de su autor. ¿¿¿Maaaaartiiiiin 'Poooweerrrrr' Raaaaanzikkkkk!!!, mayormente. Y éstas (las canastas) caían con la frecuencia necesaria como para que el Lagun Aro adquiriese pronto una buena renta. Al descanso, los dígitos inducían al optimismo: 51-37. La conexión, pues, funcionaba. El ambiente era ese sexto jugador letal que el equipo de Vidorreta necesitaba ayer más que nunca. Sólo quedaba perseverar, bajo una atmósfera cada vez más densa y sofocante, entre gritos de defensa, defensa y pitadas monumentales en los ataques del Breogán. Y hubo que hacerlo, ciertamente, ya que el Lagun Aro firmó un tercer cuarto que fue como para quitarle a cualquiera el ánimo bullanguero. La cosa no pasó a mayores de auténtico milagro. Hubo que sufrir y de qué manera. Hasta el último segundo. Como bellacos. Como en San Mamés, pero con heavy metal sonando duro en los altavoces.



Vocento